Control biológico del picudo rojo con hongos entomopatógenos: potencial real y límites operativos

Publicada el Categorizado como Sanidad Vegetal No hay comentarios en Control biológico del picudo rojo con hongos entomopatógenos: potencial real y límites operativos

El interés en el control biológico de Rhynchophorus ferrugineus (picudo rojo de las palmeras, «picudo rojo» o «PRP») crece en Uruguay y en el mundo. Los hongos entomopatógenos (HEP) y en particular el Metarhizium anisopliae, llevan décadas de investigación como alternativa sostenible a los insecticidas químicos/tradicionales/convencionales, y los resultados publicados en laboratorio son consistentemente promisorios. Sin embargo, la experiencia acumulada en campo uruguayo nos obliga a leer esa literatura con más precisión de la que habitualmente se le aplica y a plantear una hipótesis sobre la situación sanitaria actual de nuestras palmeras que va más allá del picudo como plaga directa.

Cómo actúa Metarhizium anisopliae sobre el picudo

Metarhizium anisopliae es un hongo entomopatógeno del orden Hypocreales, presente de forma natural en suelos de Uruguay. Su mecanismo de infección en insectos ocurre por contacto cuticular: las conidias se adhieren al exoesqueleto, germinan y, mediante la acción de enzimas líticas, degradan la cutícula y penetran hacia el hemocele del insecto.

Una vez dentro del insecto, el hongo se desarrolla en forma de blastosporas en condiciones anaeróbicas, coloniza los tejidos internos y provoca la muerte del huésped en un período estimado de 7 a 14 días, dependiendo de las condiciones climáticas y de las características del hospedante. Posteriormente, el cadáver esporula hacia el exterior, principalmente a través de las articulaciones, liberando nuevas conidias viables.

Este proceso permite lo que se denomina «propagación horizontal«, es decir, la transmisión del patógeno entre individuos por contacto. Este atributo distingue a los hongos entomopatógenos de los insecticidas convencionales y resulta particularmente relevante en especies gregarias como Rhynchophorus ferrugineus, donde un individuo infectado puede actuar como vector de infección dentro de la población, generando un efecto potencial de amplificación en el control.

Ciclo de infección del hongo entomopatógeno Metarhixium anisopliae en picudo rojo

Lo que dice la literatura internacional en laboratorio

Los resultados publicados sobre M. anisopliae contra R. ferrugineus en condiciones controladas son sólidos. Estudios con cepas virulentas lograron 100% de mortalidad larval en 6 a 7 días, con mortalidad total de huevos y larvas eclosionadas del 80 al 82% en sustratos tratados con esporas. Otros ensayos con cepas nativas aisladas directamente de picudos muertos registraron mortalidad corregida superior al 90% en larvas de cuarto estadio a concentraciones de 10¹⁰ conidias/ml, con valores de LC₅₀ y LT₅₀ bajos, indicando alta eficiencia de infección.

Estos datos explican el entusiasmo legítimo que rodea a este grupo de hongos como componente del manejo integrado.

Pero también explican un error frecuente: trasladar las expectativas del laboratorio directamente al campo.

¿Detectaste algún error?

Si detectas errores, inconsistencias o tienes información relevante para complementar este contenido, te invitamos a escribirnos. La construcción de conocimiento es un proceso colaborativo.

La brecha que la ciencia ya documentó

El gran desafío para los investigadores que trabajan con hongos entomopatógenos es replicar en campo esa alta eficacia, donde en general la temperatura es elevada y la humedad relativa es baja. La temperatura óptima para la infección fúngica sobre insectos plaga se sitúa entre 20 y 30 °C, y la humedad óptima requerida está entre 75 y 100%. La radiación UV, las fluctuaciones térmicas y la exposición solar directa reducen significativamente la viabilidad del hongo en superficies expuestas.

A esto se suma que la extrapolación de resultados de laboratorio a condiciones de campo es limitada, dado el fuerte condicionamiento de los factores ambientales sobre el potencial de infección, la persistencia del hongo y las complejas interacciones ecológicas hongo-huésped, raramente replicables en sistemas controlados.

Y todo lo anterior se le debe sumar la biología propia del picudo rojo. Sus larvas perforan estípites, brotes apicales y bases de hojas y en general permanecen invisibles hasta que la palmera infectada está en proceso de muerte. Cuando la carga larval es alta y las galerías están profundas dentro del estipe, el contacto esporas-insecto que requiere el mecanismo de infección fúngica es estructuralmente limitado.

Nuestra experiencia en campo

Entre octubre de 2024 y marzo de 2026, realizamos seguimiento sobre dos grupos de palmeras en Uruguay, en contextos de presión de plaga muy diferentes.
El primer grupo corresponde a una zona de baja presión de plaga, a aproximadamente 60 km de focos de infestación grave. Allí seguimos 155 palmeras con 4 aplicaciones preventivas de Metarhizium anisopliae y un grupo control de 35 palmeras sin tratamiento biológico. Al día de hoy, el grupo tratado registra 46 ejemplares con sintomatología grave o muerte (29,7%), mientras que el grupo control registra 10 (28,6%). La diferencia es prácticamente nula.

El segundo grupo, 35 palmeras en zona de infestación activa y grave, recibió 3 aplicaciones combinadas de M. anisopliae y Beauveria bassiana, sin grupo control disponible. En este caso registramos 9 ejemplares con síntomas graves o muerte (25,7%) y 2 con síntomas leves (5,7%).

Dado que las condiciones de campo no fueron estandarizadas y el tamaño muestral es limitado, estos datos no deben leerse como un ensayo controlado. Con esa reserva, la similitud entre tratados y control en zona de baja presión sugiere que el protocolo aplicado no generó una diferencia detectable en la tasa de afectación durante el período evaluado. Esto no invalida el uso de hongos entomopatógenos como herramienta preventiva, pero sí obliga a revisar variables críticas: concentración de inóculo, frecuencia de aplicación, momento de intervención respecto al ciclo del insecto y condiciones climáticas en cada aplicación.

Una hipótesis que cambia el cuadro: el picudo como vector

En los últimos meses estamos documentando en Uruguay casos de palmeras Phoenix canariensis y Butia odorata con síntomas de marchitez súbita y decoloración vascular interna sin presencia de galerías larvales, pero con evidencia de ataques del picudo rojo en su entorno. El cuadro plantea una hipótesis que la literatura internacional respalda con algunos precedentes directos. Ya existe evidencia sólida de que especies del género Rhynchophorus actúan como vectores de patógenos. El picudo negro (Rhynchophorus palmarum) es vector confirmado del nematodo Bursaphelenchus cocophilus, causante de la enfermedad del anillo rojo en palmeras de coco y palma aceitera. En ese complejo, el nematodo se transmite durante la alimentación del adulto, coloniza el sistema vascular y causa marchitez y muerte, con una decoloración interna característica, sin que el daño larval directo sea el factor determinante. La capacidad vectorial de los curculiónidos asociados a palmeras es un rasgo documentado también en Dynamis borassi y Metamasius hemipterus.

Lo que observamos en Uruguay sigue un patrón compatible con un complejo análogo, donde PRP actuaría como vector mecánico de hongos patógenos, entre ellos posiblemente Fusarium spp., introducidos durante la oviposición. Las heridas generadas por el ovipositor en tejidos blandos de la base foliar y la corona son puertas de entrada documentadas para hongos saprofíticos y patógenos facultativos. La literatura sobre R. ferrugineus en Medio Oriente y el Mediterráneo registra asociaciones consistentes entre infestaciones del picudo y hongos como Fusarium oxysporum, Botryodiplodia theobromae y Thielaviopsis paradoxa en tejido vegetal afectado.

La diferencia con el complejo R. palmarum-nematodo (donde el vector transmite durante la alimentación) es que en nuestra hipótesis la transmisión ocurriría durante la oviposición, lo que tiene lógica biológica: el ovipositor perfora hasta tejidos internos creando micro-nichos húmedos favorables para el establecimiento fúngico, con mayor tiempo de contacto que una herida de alimentación superficial. Si esta hipótesis se confirma mediante diagnóstico fitopatológico, el picudo sería más peligroso como vector que como plaga directa en ciertos contextos, exactamente como ocurre con R. palmarum y el anillo rojo.

Esta línea de investigación está abierta. Buscamos colaboración con fitopatólogos para documentar estos casos con mayor rigor.

La tensión que esto genera en el manejo: fungicidas vs. hongos entomopatógenos

Si la hipótesis del complejo PRP-patógenos fúngicos es correcta, aparece una contradicción de manejo que no es trivial. Ante una palmera con síntomas de marchitez vascular de posible origen fúngico, el primer impulso técnico es aplicar un fungicida sistémico. Y ahí está el conflicto.

La evidencia científica disponible es clara: varios fungicidas de uso frecuente son incompatibles con Metarhizium anisopliae. Fungicidas como tiofanato-metil, captan, triflumizol, piraclostrobina y azoxistrobina inhiben la germinación de esporas y el crecimiento micelial de Metarhizium anisopliae en condiciones de laboratorio. Entre los triazoles, el tebuconazol inhibe completamente el crecimiento de todos los hongos entomopatógenos evaluados a 1000 ppm, y los fungicidas triazoles en general no son compatibles con los HEP a dosis altas.

Los fungicidas captan y triflumizol (con intervalos cortos de reaplicación), mostraron impacto negativo significativo sobre las poblaciones de Metarhizium anisopliae en la rizosfera bajo condiciones de aplicación dual, aunque fungicidas como etridiazol, propamocarb y metalaxil no tuvieron impacto significativo sobre la germinación o el crecimiento micelial. Por lo tanto, la selección del fungicida no es indiferente cuando hay un programa de control biológico en curso.

La consecuencia práctica es directa: si sobre una palmera con picudo activo se aplica un fungicida triazólico para intentar controlar una infección fúngica vascular, y en la misma ventana temporal se aplica un bioinsecticida a base de Metarhizium anisopliae, el fungicida puede neutralizar la actividad del hongo entomopatógeno antes de que este entre en contacto con el insecto.

Hay además un límite biológico adicional: si Fusarium u otro patógeno ya está instalado en el sistema vascular de la palmera, el fungicida tiene escasas chances de revertir el daño. La palmera no tiene cambium ni cicatrización activa, y la distribución de productos sistémicos en el xilema de una monocotiledónea con haces vasculares dispersos es limitada. El tratamiento fungicida en una palmera con marchitez vascular instalada tiene mayor valor como protección preventiva de tejidos sanos que como tratamiento curativo.

Tres principios para manejar este escenario correctamente

  1. Diagnosticar antes de tratar: Marchitez con galerías visibles es diferente de marchitez sin galerías con puestas laterales. Son cuadros que pueden requerir respuestas distintas y confundirlos lleva inevitablemente a tratar lo equivocado con la herramienta equivocada. Aquí evidentemente el problema es poder ver esas galerías, cosa que nos resulta casi imposible. Quizás (también) para eso existe el monitoreo acústico con sensores previo a la aparición de síntomas
  2. Respetar la incompatibilidad química: Si se decide incorporar un fungicida al programa de manejo, la selección del principio activo no es indiferente cuando hay hongos entomopatógenos en uso simultáneo. Los triazólicos de amplio espectro son los de mayor riesgo de antagonismo. El intervalo entre aplicaciones de ambos productos debe planificarse correctamente.
  3. El control biológico fúngico funciona en la fase preventiva: Su mayor valor no está en resolver infestaciones establecidas sino en reducir la presión de colonización sobre palmeras sanas o con infestación incipiente, mantener inóculo activo en el ambiente y afectar la oviposición. Para eso debe aplicarse sobre palmeras cuyo estado se conoce, lo que exige monitoreo activo antes de que los síntomas sean visibles.

Lo que todo esto implica para el propietario de palmeras

El control del picudo rojo en Uruguay en 2026 no es un problema de un insecto con una solución. Es un sistema dinámico donde el insecto puede ser vector de otros patógenos, donde las herramientas disponibles tienen incompatibilidades entre sí, y donde el momento de intervención sigue siendo el factor más determinante del resultado.

El manejo integrado no es una suma de productos aplicados simultáneamente. Es una secuencia lógica: detectar, diagnosticar con precisión, decidir la herramienta correcta para el estadio correcto, y respetar las interacciones entre las herramientas que se combinan. Cualquier protocolo que omita alguno de esos pasos, independientemente de qué productos incluya, llegará tarde o actuará sobre el problema equivocado.

Referencias

  1. Gindin, G., Levski, S., Glazer, I. & Soroker, V. (2006). Evaluation of the entomopathogenic fungi Metarhizium anisopliae and Beauveria bassiana against the red palm weevil Rhynchophorus ferrugineus. Phytoparasitica, 34, 370–379. DOI: 10.1007/BF02981024
  2. Sani, I. et al. (2023). Bioefficacy of an oil-emulsion formulation of Metarhizium anisopliae against adult red palm weevil. Insects, 14(5), 482. DOI: 10.3390/insects14050482
  3. Ishak, I.H. et al. (2022). Conidial emulsion formulation and thermal storability of Metarhizium anisopliae against Rhynchophorus ferrugineus. Insects, 13(7), 570. DOI: 10.3390/insects13070570
  4. Cito, A. et al. (2023). Entomopathogenic fungi against the red palm weevil: lab and field evidence. Crop Protection. DOI: 10.1016/j.cropro.2023.106523
  5. Liu, Z. et al. (2016). Screening of Metarhizium anisopliae isolates for virulence against RPW. SpringerPlus. DOI: 10.1186/s40064-016-2780-6
  6. Bruck, D.J. (2009). Impact of fungicides on Metarhizium anisopliae in the rhizosphere, bulk soil and in vitro. BioControl, 54, 597–606. DOI: 10.1007/s10526-009-9213-1
  7. Reddy, D.S., Reddy, M.L.N. & Pushpalatha, M. (2018). Interaction of fungicides with bio-control agents. Journal of Entomology and Zoology Studies, 6(4), 545–551.

Te invito a seguirnos en nuestras redes y descubrir más sobre lo que hacemos

Allí compartimos experiencias reales, testimonios y aprendizajes que reflejan nuestro trabajo día a día

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *