Enemigos naturales del picudo rojo y su papel en el equilibrio biológico

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Este fin de semana está siendo particularmente lluvioso en Montevideo. Días de esos en los que el trabajo de campo se frena un poco y aparece el tiempo para sentarse a leer con más calma. En nuestro caso, eso suele traducirse en revisar mensajes, consultas y comentarios que llegan por nuestras redes sociales. Muchos son preguntas genuinas, otros repiten dudas que aparecen una y otra vez. Y algunos directamente invitan a frenar y ordenar ideas.

Entre esas consultas hay una que viene creciendo de forma sostenida: los llamados enemigos naturales del picudo rojo. Si existen, cuáles son, si funcionan. Y sobre todo si podrían ser la solución al problema que hoy enfrentan tantas palmeras en Uruguay y en otros países de la región.
A partir de esas preguntas y aprovechando este paréntesis que nos regala este ciclón extratropical que afecta a Uruguay, surgió la idea de escribir este artículo. No para dar una respuesta rápida ni tranquilizadora, sino para poner el tema en contexto y explicarlo desde una mirada técnica y de experiencia real de campo. Porque el rol de los enemigos naturales del picudo rojo existe, pero no siempre es el que se imagina.

Las preguntas más frecuentes que nos hacen

¿Existen enemigos naturales del picudo rojo?

Sí, existen. Incluyen parasitoides, hongos entomopatógenos, nematodos y depredadores generalistas. Su acción está bien documentada, sobre todo en el área de origen del insecto.

¿Por qué en Asia el picudo rojo no es tan destructivo?

Porque allí actúa un conjunto de factores ecológicos. No es un solo enemigo natural, sino un sistema completo que limita su crecimiento poblacional.

¿Beauveria y Metarhizium funcionan contra el picudo rojo?

Pueden afectar adultos expuestos y reducir presión poblacional, pero no suelen resolver infestaciones internas avanzadas en palmeras adultas.

¿Los nematodos entomopatógenos son una solución efectiva?

Tienen potencial en condiciones muy específicas, pero su eficacia disminuye mucho cuando las larvas están profundas dentro del estípite.

¿Se puede controlar el picudo rojo solo con control biológico?

En la práctica, no. El control biológico puede ser complementario, pero no sustituye estrategias de detección precoz y tratamientos internos adecuados.

¿Por qué no se puede replicar el equilibrio de Asia en otros países?

Porque ese equilibrio es el resultado de miles de años de coevolución. Fuera de ese contexto faltan varios de los componentes clave que lo sostienen.

¿Por qué el picudo rojo no genera el mismo daño en el sudeste asiático?

El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) es originario del sudeste asiático, eso a esta altura ya lo sabemos todos. Se repite una y otra vez en notas de prensa, informes técnicos y presentaciones. En esa región convive desde hace miles de años con distintas especies de palmeras, tanto silvestres como cultivadas. Está presente, es conocido, pero rara vez provoca los colapsos masivos que hoy se observan en Europa, Medio Oriente o América.

Distribución geográfica del picudo a nivel mundial, basada en datos del Invasive Species Compendium (CABI) y SOSPALM


Un dato que suele llamar la atención es que en Sri Lanka el picudo rojo ha sido incluso cultivado con fines alimenticios. Su larva tiene un alto valor proteico y forma parte de prácticas tradicionales. Sin embargo, en los últimos años también comenzaron a circular comentarios y reportes que indican que el insecto estaría pasando a comportarse como un problema creciente en cocoteros, lo que muestra que incluso en su área de origen el equilibrio no es algo fijo ni garantizado.
La explicación no está en que el insecto sea menos agresivo en Asia, ni en que las palmeras sean mágicamente más resistentes. La diferencia está en los ecosistemas. En Asia existe un equilibrio ecológico que se fue construyendo con el tiempo, donde actúan muchos factores a la vez. El clima, la diversidad vegetal, la estructura de los ecosistemas y, dentro de ese conjunto, los enemigos naturales.
Las poblaciones de picudo rojo en su área de origen están sometidas de forma permanente a presión biológica. Esa presión no elimina al insecto, pero sí limita su crecimiento, reduce la duración de las infestaciones y baja mucho la probabilidad de explosiones poblacionales.

Qué se debe entender por «enemigos naturales»

En sanidad vegetal, cuando se habla de enemigos naturales se hace referencia a organismos que afectan negativamente a una plaga desde el punto de vista biológico. En el caso del picudo rojo, esto incluye parasitoides, hongos entomopatógenos, nematodos entomopatógenos y algunos depredadores generalistas como las aves y los roedores.
Un error bastante común es pensar que todos estos enemigos actúan igual o que basta con uno solo para resolver el problema. En realidad, su impacto es muy variable y depende de muchos factores. Humedad, temperatura, acceso al insecto, porte y densidad de las palmeras, tipos de palmeras disponibles, estado de la infestación, nivel de alteración del ambiente. Todo eso influye, y mucho.

Parasitoides y su rol en el área de origen

Entre los enemigos naturales más citados del picudo rojo aparecen los parasitoides, principalmente algunas avispas que atacan larvas y pupas. En Asia se han descripto varias especies asociadas a Rhynchophorus spp., destacándose avispas del género Scleroderma. Estas avispas son capaces de localizar larvas dentro del estípite, paralizarlas y ovipositar sobre ellas. Las larvas del parasitoide se desarrollan alimentándose del picudo, que muere antes de completar su ciclo. Desde el punto de vista ecológico, esto es muy relevante, porque actúan sobre estadios que están protegidos del exterior.
Ahora bien, este tipo de relación depende de un sistema estable. Fuera del área de origen del picudo rojo, estos parasitoides prácticamente no están presentes, o su impacto es anecdótico. Por eso, aunque se los mencione mucho en la bibliografía, su aplicación práctica fuera de Asia es muy limitada.

Hongos entomopatógenos como enemigos naturales

fotos de picudo rojo adulto y larva parasitados con esporas de hongo entomopatogeno
Picudo rojo y su larva parasitados por hongos entomopatógenos
Licencia: Creative Commons

Otro grupo importante lo constituyen los hongos entomopatógenos, quizás vale destacar a la Beauveria bassiana y al Metarhizium anisopliae. Estos hongos infectan al insecto a través de la cutícula. Las esporas se adhieren, germinan, penetran los tejidos y colonizan el cuerpo del hospedero hasta provocar su muerte. Demoran un tiempo al dar resultado, eso es importantísimo entenderlo. Al utilizarlos solos, nunca han dado muy buenos resultados, incluso en condiciones de laboratorio.

En ambientes cálidos y húmedos, como los del sudeste asiático, estos hongos pueden generar infecciones naturales tanto en adultos como en larvas. Esto contribuye a reducir la supervivencia y, en cierta medida, la capacidad reproductiva del picudo. Aun así, incluso en su área de origen, su efecto no es constante ni suficiente como para frenar infestaciones avanzadas por sí solos. Funcionan como un factor más dentro de un sistema más complejo.

El uso de entomopatógenos como Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae

Larvas y adultos de Rhynchophorus ferrugineus infectados con Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae.
(A) Larvas muertas por B. bassiana.
(B) Esporulación de B. bassiana sobre larvas muertas.
(C) Esporulación de M. anisopliae sobre larvas muertas.
(D) Esporulación de M. anisopliae sobre un adulto de R. ferrugineus.

Fuente: Glazer, I. Imagen de Itamar Glazer

En Europa, los hongos entomopatógenos han sido ampliamente estudiados y promovidos como herramientas de control biológico. En laboratorio, los resultados suelen ser bastantes buenos. Mortalidades altas, respuestas claras, y mucha expectativa. Aunque para ser sinceros, no conocemos resultados que superan un control del 70%.
El problema (como siempre) aparece cuando se pasa al campo. El picudo rojo desarrolla la mayor parte de su ciclo dentro del estípite, en un ambiente muy poco accesible desde el exterior. La probabilidad de que una espora aplicada externamente llegue en cantidad suficiente a los adultos y los parasite o corte su ciclo reproductivo, es muy baja.

Ya que en la práctica, estos hongos actúan principalmente sobre adultos expuestos. Pueden reducir su longevidad o afectar de alguna forma su capacidad reproductiva, pero no suelen resolver infestaciones internas ya establecidas. Además, su eficacia depende mucho de la humedad y de la temperatura, condiciones que en climas mediterráneos no siempre se dan.
Por eso, aunque estén disponibles y autorizados, su uso en Europa suele quedar limitado a estrategias complementarias dentro de programas de manejo integrado.

Nematodos entomopatógenos y sus límites

Los nematodos entomopatógenos, como Steinernema y Heterorhabditis, también han sido evaluados como enemigos naturales del picudo rojo. Estos organismos penetran en el insecto y liberan bacterias simbiontes que provocan septicemia y muerte rápida.
En condiciones controladas pueden ser eficaces. Pero nuevamente aparece el problema del acceso. En palmeras adultas, las larvas están protegidas en galerías profundas, en tejidos compactos. La movilidad de los nematodos en ese contexto es limitada, y su supervivencia depende de niveles de humedad difíciles de sostener de forma homogénea.
Los ensayos de campo muestran que pueden afectar larvas accesibles o infestaciones muy incipientes, pero su eficacia cae mucho cuando el daño interno ya está avanzado.

El error de buscar un único enemigo natural

Así como en los tratamientos fitosanitarios no alcanza con un solo producto para resolver un problema complejo, con los enemigos naturales ocurre exactamente lo mismo. No es una avispa, ni un hongo, ni un nematodo en particular lo que mantiene al picudo rojo bajo control en su área de origen. Es el conjunto.
Parasitoides, hongos, nematodos, depredadores generalistas, condiciones ambientales favorables, diversidad vegetal y baja presión antrópica. Todo eso actuando al mismo tiempo y durante largos períodos. Cuando se aísla uno de esos factores y se lo presenta como “la solución”, se pierde de vista cómo funciona realmente el sistema.

Distribución geográfica global de las palmeras (familia Arecaceae), concentrada principalmente en regiones tropicales y subtropicales de América, África, Asia y Oceanía.

En Asia, el equilibrio no existe porque haya un enemigo natural milagroso, sino porque muchos factores pequeños van sumando efectos de forma continua. Cuando ese conjunto funciona, las poblaciones del picudo rojo se mantienen acotadas. Fuera de ese contexto, cuando faltan varios de esos componentes, el sistema se desarma y el insecto pasa a comportarse como una plaga invasora.

Además, hay un punto que no es menor y que muchas veces se pasa por alto. En nuestras ciudades y paisajes productivos predominan palmeras canarias (Phoenix canariensis), una especie que prácticamente no existe en el sudeste asiático. Desde el punto de vista alimenticio, este hospedante le ofrece al picudo rojo una disponibilidad de tejido muy favorable, que incluso podría considerarse más atractiva que la del cocotero u otras palmeras nativas de Asia. Ese cambio de hospedante también ayuda a explicar por qué, fuera de su área de origen, el insecto encuentra condiciones tan propicias para expandirse.

Implicancias para el manejo profesional

Entender el rol real de los enemigos naturales del picudo rojo permite ajustar expectativas. El control biológico, entendido como única herramienta, no es una solución viable para infestaciones internas avanzadas en palmeras adultas.
Eso no significa que no tengan lugar. Pueden integrarse como complemento, especialmente en estrategias preventivas o de reducción de presión poblacional. Pero siempre dentro de un enfoque más amplio, basado en detección precoz, diagnóstico correcto y tratamientos adaptados a la biología real del insecto.

Entonces, ¿qué se puede hacer en Sudamérica?

Hablar de enemigos naturales del picudo rojo es necesario, pero no alcanza si se lo hace de forma aislada o simplificada. En Sudamérica, el insecto se enfrenta a un escenario completamente distinto al de su área de origen: nuevos hospedantes, ausencia de gran parte de sus reguladores biológicos naturales y condiciones ambientales que, lejos de limitarlo, muchas veces favorecen su desarrollo.
En este contexto, pensar en enemigos naturales como una solución única no solo es poco realista, sino que puede llevar a decisiones tardías. El verdadero valor de entender estos procesos está en reconocer qué cosas no están presentes en nuestros sistemas y por qué el equilibrio que existe en Asia no se replica de manera espontánea en nuestras palmeras urbanas y productivas.
A partir de esa lectura, las estrategias de manejo en Sudamérica necesariamente deben apoyarse en la prevención, la detección precoz y el criterio técnico profesional, integrando distintas herramientas y no apostando todo a un solo factor. Los enemigos naturales pueden aportar, pero su rol es complementario y de largo plazo. La protección efectiva de las palmeras requiere intervenir antes de que el daño interno avance, entendiendo que, una vez superado cierto umbral, ninguna herramienta biológica por sí sola es capaz de revertir el proceso.

Referencias consultadas

Mazza, G. et al. (2014). An overview on the natural enemies of Rhynchophorus palm weevils, with focus on Rhynchophorus ferrugineus. Biological Control, 77, 83–92.
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Gindin, G. et al. (2006). Pathogenicity of entomopathogenic fungi against Rhynchophorus ferrugineus. Phytoparasitica, 34, 370–379.
Llácer, E. et al. (2012). Biological control of red palm weevil: limitations and perspectives. IOBC/WPRS Bulletin, 82, 55–59.
Mankin, R.W. et al. (2011). Ecology and detection of red palm weevil infestations. Florida Entomologist, 94, 292–299.


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