Este artículo expone una opinión profesional. Se basa en nuestra experiencia de trabajo directo con el picudo rojo en los últimos cuatro años, junto con la experiencia de asesores españoles que colaboran con nosotros y que acumulan más de veinte años de trabajo en el manejo de esta plaga. Donde corresponde, se cita bibliografía científica que respalda o contextualiza cada punto; donde no la hay, se indica que se trata de una posición técnica propia.
El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) pasa la mayor parte de su ciclo larvario dentro del estípite, fuera del alcance de cualquier tratamiento de contacto y fuera de la vista de quien observa la palmera desde afuera. Ese desarrollo oculto, sumado a la costumbre de aplicar a las palmeras criterios pensados para árboles leñosos, explica buena parte de los errores de manejo que se repiten en campo. Los doce puntos siguientes van de lo conceptual a lo operativo: primero los errores de base sobre cómo entender a la palmera y a la plaga, después los errores técnicos en la ejecución de cada herramienta (endoterapia, dosis, geles, trampeo, poda), y por último los errores de estrategia y gestión del programa completo (uso combinado de herramientas, residualidad, trazabilidad y saneamiento).
Índice
- Tratar la palmera como si fuera un árbol
- Comenzar el tratamiento cuando aparecen síntomas visibles
- Inyecciones de endoterapia a presión y perforaciones repetidas sin criterio
- Usar dosis o frecuencias copiadas de tratamientos para árboles
- Uso de geles atracticidas
- Uso de trampas de feromona sin criterio
- Podas innecesarias o en época de vuelo
- Confiar en una sola herramienta de tratamiento
- No calcular correctamente la residualidad
- No llevar trazabilidad de tratamientos, trampeo y monitoreo
- Saneamiento incompleto
- Buscar una solución única
1. Tratar la palmera como si fuera un árbol

Este es, en cierto sentido, un error paraguas del que se desprenden varios de los siguientes. Las palmeras son monocotiledóneas arborescentes, no árboles leñosos. No tienen cámbium vascular periférico ni la capacidad de generar callo (el tejido de reparación típico de un árbol dicotiledóneo) porque sus haces vasculares están dispersos en fascículos a lo largo de todo el estípite en vez de concentrados en una capa que pueda regenerarse. Poda, perforaciones, cicatrización, transporte vascular y respuesta a heridas no funcionan igual en una palmera que en un árbol. Buena parte de los errores que siguen nace directamente de trasladar a la palmera protocolos pensados para árboles.
2. Comenzar el tratamiento cuando aparecen síntomas visibles




Buena parte del ciclo larvario transcurre dentro de la palmera, donde las larvas quedan fuera del alcance de los insecticidas de contacto y son difíciles de detectar porque se desarrollan escondidas dentro del tronco. Cuando aparecen signos externos (perforaciones, olor a fermentado, exudados) buena parte del daño ya es irreversible. Esperar síntomas evidentes reduce mucho el margen real de intervención. El manejo debe apoyarse en prevención, vigilancia y detección precoz, no en la aparición de señales tardías.
3. Inyecciones de endoterapia a presión y perforaciones repetidas sin criterio

La endoterapia presurizada se desarrolló originalmente para árboles, que compartimentan sus heridas mediante la formación de callo. Al no tener esa capacidad de reparación, en la palmera la presión desgarra los haces vasculares y genera necrosis interna que queda ahí de forma permanente. La controversia no es nueva: ya en el uso de endoterapia presurizada en olmos durante los años setenta se documentó que el método generaba necrosis en el sitio de inyección, lo que debilitaba a los árboles tratados. En la palmera el problema es mayor porque no hay tejido que aísle ese daño.
Lo mismo aplica, en menor escala, a la costumbre de perforar en cada tratamiento sin ningún criterio de reutilización. Incluso sin presión, cada orificio nuevo es una herida permanente. Tiene sentido minimizar el número de perforaciones a lo largo de la vida de la palmera y, cuando el sistema lo permite, reutilizar accesos diseñados específicamente para eso en lugar de abrir uno nuevo en cada intervención.
La alternativa con mejor respaldo es la endoterapia no presurizada, con cánula fija de baja presión, que protege los haces vasculares en lugar de forzarlos. Ensayos de campo con abamectina e imidacloprid aplicados por endoterapia en Phoenix canariensis mostraron mejor distribución y persistencia del insecticida que otros métodos de aplicación, y en el caso de emamectin benzoato se registró protección de hasta nueve meses.















4. Usar dosis o frecuencias copiadas de tratamientos para árboles
No alcanza con que un principio activo sea sistémico. Importan la molécula, la concentración, la formulación, el volumen aplicado, la capacidad de translocación dentro del tejido vascular disperso de la palmera, el porte del ejemplar y la persistencia del producto y sobre todo la velocidad de translocación de la molécula, frente a la velocidad de viaje de la savia (que no son lo mismo). Un protocolo de dosis o frecuencia diseñado y validado para árboles leñosos no debería trasladarse automáticamente a una palmera, porque la fisiología que determina cómo se mueve y cuánto dura el producto es distinta.
5. Uso de geles atracticidas
Los geles atracticidas son compuestos químicos que contienen la feromona y un insecticida de contacto, como puede ser de la familia de los piretroides. Su uso es una práctica que puede ser común en otras plagas, incluso en la familia de los Rhynchophorus, para controlar al picudo negro, insecto nativo de nuestra región.
Pero nuestra posición técnica, basada en la experiencia de campo, es que los geles atracticidas no aportan al control del picudo rojo y pueden resultar contraproducentes. El comportamiento de búsqueda del picudo está orientado por señales químicas liberadas por hospederos dañados o en estrés, no por un atrayente sintético colocado sobre una palmera sana. En la práctica el insecto elige de forma consistente la palmera viva antes que el atrayente artificial, de modo que el producto suma costo sin reducir población. No encontramos evidencia publicada que respalde su eficacia como herramienta de control y no la recomendamos.
6. Uso de trampas de feromona sin criterio, y confundir captura con control



Una trampa colocada junto a las palmeras que se quiere proteger atrae adultos hacia ellas, y la captura nunca es total. Los ensayos de campo muestran justamente lo contrario a lo intuitivo: las trampas ubicadas en el borde del cultivo, alejadas de las palmeras, capturan más individuos que las ubicadas en el centro. La densidad recomendada también depende del nivel de infestación: con menos del uno por ciento de palmeras infestadas alcanza con una trampa por hectárea, mientras que en plantaciones con mayor presión de la plaga se necesitan hasta diez trampas por hectárea para lograr capturas equivalentes. El trampeo funciona como monitoreo, como herramienta de reducción poblacional a escala de área y como barrera interceptora a distancia, no como protección puntual de un ejemplar valioso.
Un error relacionado y frecuente es confundir captura con control. Ver muchos picudos dentro de una trampa demuestra que hay actividad y que el dispositivo está funcionando, pero no demuestra por sí mismo que la presión de la plaga sobre las palmeras haya bajado ni que el programa en su conjunto sea eficaz. El número de capturas es un dato de monitoreo, no un indicador de resultado.
7. Podas innecesarias o en época de vuelo
Las heridas de poda son puntos de liberación de atrayentes por un lado, y puntos de oviposición por el otro. Sabemos que las hembras del R. ferrugineus depositan huevos en las heridas generadas por la cosecha, la poda y la extracción de hijuelos. Cuando el corte de hojas verdes sea inevitable conviene realizarlo solamente en épocas de frío, donde el vuelo del picudo es casi nulo, para dificultar la atracción y llegadas de adultos a la planta y el ingreso de las larvas hacia su interior. La poda debería limitarse a lo estrictamente necesario, concentrarse en hojas secas y programarse fuera de los picos de actividad de vuelo de la plaga en la zona, en el Uruguay y Agentina recomendamos podar solamente en invierno, a más tardar en la primera o segunda semana de agosto, y duchar las plantas inmediatamente despues de la poda.
8. Confiar en una sola herramienta de tratamiento
El error aparece en dos direcciones opuestas. Confiar únicamente en tratamientos externos (duchas, pulverizaciones o aplicaciones sobre la corona) ignora que su eficacia depende de alcanzar los tejidos internos donde realmente está la plaga, y no deberían presentarse como sustituto de una estrategia integral. El error inverso también existe: confiar únicamente en la endoterapia, sin detección precoz, saneamiento de focos ni manejo de la población del insecto, deja sin cubrir todo lo que ocurre fuera de la palmera tratada. Ninguna técnica aislada resuelve por sí sola un problema poblacional.
9. No calcular correctamente la residualidad
La residualidad de cada producto (el tiempo durante el cual mantiene concentración letal en el tejido) define cuánto dura la protección real y debe tomarse en cuenta al combinar herramientas fitosanitarias, de forma que no queden ventanas descubiertas entre una intervención y la siguiente. Ignorar este cálculo lleva a espaciar tratamientos según el calendario en vez de según la biología del producto y de la plaga, lo que puede hacer que la dosis remanente ya no corresponda al peso corporal de la larva en ese momento del ciclo, que las larvas reciban dosis subletales y desarrollen resistencia, o que la protección simplemente no llegue a tiempo. A eso se suma que ni la endoterapia ni la ducha foliar letalizan huevos ni pupas. Si eso no se tiene en cuenta, una caída de residualidad coincidiendo con una eclosión de huevos o una emergencia de pupas significa que la plaga sigue activa dentro de la planta sin nada que la intoxique.
10. No llevar trazabilidad de tratamientos, trampeo y monitoreo

No registrar lo que se hace, ni cuándo, ni con qué resultado, deja al programa de manejo sin forma de evaluarse a sí mismo. Sin trazabilidad de qué palmera fue tratada, con qué producto, en qué fecha y con qué dosis, no hay manera de saber si la residualidad de ese tratamiento sigue vigente o si ya venció. Sin registro de capturas por trampa y por fecha, no se puede distinguir una baja real de la presión de la plaga de una simple variación estacional o climática. Sin datos ambientales asociados a cada intervención (temperatura, humedad, época del año) tampoco es posible entender por qué un mismo protocolo funcionó en un caso y no en otro.
La trazabilidad no es un formalismo administrativo: es la única forma de medir la eficacia real de un programa de manejo, de ajustar dosis y frecuencias con datos propios en lugar de supuestos, y de detectar a tiempo si la plaga está avanzando pese al esfuerzo invertido.
11. Saneamiento incompleto: proteger solo parte de la plantación, no retirar ejemplares muertos o con infección severa, dejar restos susceptibles o moverlos sin medidas sanitarias

Tratar únicamente algunos ejemplares deja al resto funcionando como reservorio y foco de dispersión. Las opciones técnicamente válidas son dos: proteger la totalidad de la población (de forma escalonada si los recursos lo requieren) o eliminar sanitariamente los ejemplares que no se van a proteger.
Dentro de ese segundo grupo entran también los ejemplares con infección severa o ya muertos que se dejan en pie porque perdieron su valor ornamental o productivo. Un ejemplar así no es un caso perdido y aislado: sigue siendo un foco activo. Si fue tratado antes sin éxito, es probable que la residualidad de los principios activos aplicados ya se haya agotado o esté en su tramo final, de modo que las larvas que sigan desarrollándose ahí adentro ya no reciben una dosis letal. Una plaga que eclosiona y se desarrolla dentro de una palmera muerta sin exposición a insecticida, o expuesta solo a residuos subletales, es exactamente el escenario que favorece la selección de individuos resistentes. Ese ejemplar debe salir de la plantación con el mismo criterio de saneamiento que cualquier otro foco.
La eliminación sanitaria, en cualquiera de estos casos, no termina con cortar la copa o tumbar el ejemplar. Si quedan tocón o restos capaces de albergar larvas, pupas o adultos vivos, el saneamiento queda incompleto. Requiere tala y extracción completa del tocón, chipeado o triturado del material vegetal, y disposición de los restos a no menos de quince kilómetros del sitio; la incineración es admisible como método de disposición final, nunca en el lugar donde se hizo el corte.
El transporte de ese material también es un punto crítico. El traslado humano de material vegetal infestado es reconocido como un factor importante de dispersión del picudo rojo hacia nuevas áreas, lo que convierte a una operación de saneamiento mal ejecutada en una vía de propagación de la plaga en lugar de una solución.
12. Buscar una solución única
El picudo rojo no se controla con un producto, una trampa o una aplicación aislada. El manejo eficaz exige trabajar simultáneamente sobre la palmera y sobre la población de la plaga: detección precoz, protección preventiva, tratamiento de ejemplares recuperables, eliminación sanitaria de focos y monitoreo continuo. El error más frecuente, y el que resume a casi todos los anteriores, es esperar que una sola herramienta sustituya a un programa de manejo.
Referencias
- Al-Ayedh, H. et al. Comparaciones acústicas de la mortalidad del picudo rojo tras distintos tratamientos. PMC. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC10143197/
- Metwaly, H. et al. (2015). El picudo rojo de las palmeras (Rhynchophorus ferrugineus Olivier, 1790): amenaza para las palmeras. Journal of Biological Sciences, 15(2), 56-67. https://scialert.net/fulltext/?doi=jbs.2015.56.67
- Dembilio, Ó., Riba, J. M., Gamón, M., Jacas, J. A. (2015). Movilidad y eficacia de la abamectina y el imidacloprid contra Rhynchophorus ferrugineus en Phoenix canariensis según distintos métodos de aplicación. Pest Management Science, 71, 1091-1098.
- Ben Yehuda, S. et al. (2020). Sistematicidad, persistencia y eficacia de insecticidas seleccionados usados en endoterapia para el control de Rhynchophorus ferrugineus en Phoenix canariensis. Phytoparasitica, 48, 75-85. https://link.springer.com/article/10.1007/s12600-019-00776-5
- Defra Plant Health Portal. Plan de contingencia para Rhynchophorus ferrugineus (cita a Giblin-Davis et al., 2013). https://planthealthportal.defra.gov.uk/assets/Contingency-plans/Rhynchophorus-ferrugineus-CP-v2.pdf
- Effects of trap locations, pheromone source, and temperature on red palm weevil surveillance (efectos de la ubicación de la trampa, la fuente de feromona y la temperatura sobre el monitoreo del picudo rojo). Florida Entomologist, 105(1). https://bioone.org/journals/florida-entomologist/volume-105/issue-1/024.105.0109/Effects-of-Trap-Locations-Pheromone-Source-and-Temperature-on-Red/10.1653/024.105.0109.full
- Efecto del color y la altura de la trampa sobre el trampeo masivo con feromonas de Rhynchophorus ferrugineus en huertos de palma datilera, Abu Dabi. https://www.academia.edu/31697140/
- FAO. Picudo rojo de las palmeras: guía de prácticas de manejo. https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/9dea1914-74dd-4662-9816-a11df9710822/content
- Sustainable Pest Management in Date Palm Ecosystems: manejo sostenible de plagas en ecosistemas de palma datilera, dinámica ecológica de las infestaciones del picudo rojo. PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10671898/
- Resistencia a insecticidas de uso común y al fumigante fosfina en Rhynchophorus ferrugineus en Pakistán. PLOS One. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371%2Fjournal.pone.0192628
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Excelente su trabajo. En Argentina muchos hablan del tema, pero pocos hacen algo al respecto. Tenemos la esperanza de que no les suceda lo mismo que en Uruguay.