Este artículo expone opiniones profesionales. Opiniones que se basan en nuestra experiencia de trabajo directo con el picudo rojo desde finales del año 2021, junto la experiencia de ingenieros agrónomos que fuimos capacitando y la experiencia de asesores profesionales españoles que colaboran con nosotros y que acumulan más de veinticinco años de trabajo en el manejo de esta plaga invasora.
Si es la primera vez que escuchas sobre el picudo rojo, su nombre científico es Rhynchophorus ferrugineus. Es un escarabajo que llega a nuestra región accidentalmente y se convierte en plaga muy rápidamente. Este insecto se alimenta primordialmente de palmeras y pasa la mayor parte de su ciclo biológico dentro de la palmera, consumiendo su tejido dentro del estípite, muy por fuera del alcance de cualquier tratamiento de contacto y fuera de la vista de quien observa la palmera desde afuera.
Ese desarrollo oculto, sumado a la costumbre de aplicar a las palmeras criterios pensados para árboles leñosos, explica buena parte de los errores de manejo que se repiten en campo.
Los doce puntos siguientes van de lo conceptual a lo operativo: primero los errores de base sobre cómo entender a la palmera y a la plaga, después los errores técnicos en la ejecución de cada herramienta (endoterapia, dosis, atracticidas, trampeo, poda), y por último los errores de estrategia y gestión del programa completo (uso combinado de herramientas, residualidad, trazabilidad y saneamiento).
Índice de errores
- Tratar la palmera como si fuera un árbol
- Comenzar el tratamiento cuando aparecen síntomas visibles
- Inyecciones de endoterapia a presión y perforaciones repetidas sin criterio
- Usar dosis o frecuencias copiadas de tratamientos para árboles
- Uso de geles atracticidas
- Uso de trampas de feromona sin criterio
- Podas innecesarias o en época de vuelo
- Confiar en una sola herramienta de tratamiento
- No calcular correctamente la residualidad
- No llevar trazabilidad de tratamientos, trampeo y monitoreo
- Saneamiento incompleto
- Buscar una solución única
1. Tratar la palmera como si fuera un árbol

Este es, en cierto sentido, un error paraguas del que se desprenden varios de los siguientes. Las palmeras no son «árboles», son monocotiledóneas arborescentes, cuando decimos que no son árboles es porque simplemente no árboles leñosos, son «hierbas gigantes». No tienen cámbium vascular periférico ni la capacidad de generar callo (el tejido de reparación típico de un árbol dicotiledóneo) porque sus haces vasculares están dispersos en fascículos a lo largo de todo el estípite en vez de concentrados en una capa que pueda regenerarse. Poda, perforaciones, cicatrización, transporte vascular y respuesta a heridas no funcionan igual en una palmera que en un árbol. Buena parte de los errores que siguen nace directamente de trasladar a la palmera protocolos pensados para árboles.
Quizás para explicar mejor que es lo que le sucede al tejido vascular de una palmera, tendríamos que observar las siguientes imágenes de secciones de estípites de palmeras Syagrus romanzoffiana (Pindó) y Trachycarpus fortunei, que demuestran cláramente la necrosis y la incapacidad de «cicatrizar» tejido:


2. Comenzar el tratamiento cuando aparecen síntomas visibles




Como mencionamos anteriormente, prácticamente todo el ciclo larvario transcurre dentro de la palmera, donde las larvas quedan fuera del alcance de los insecticidas de contacto y resultan difíciles de detectar porque se desarrollan ocultas en el interior de sus tejidos.
Cuando aparecen signos externos (que pueden ser asimetrías foliares, marchitamiento de hojas verticales, exudaciones u olor a fermentación) debemos entender que ya existe un daño interno importante y parte de ese daño es irreversible. Esperar a que aparezcan síntomas evidentes reduce considerablemente el margen real de intervención.
Por eso, el manejo debe apoyarse en prevención, vigilancia y detección precoz, y no en la aparición de señales tardías. Aquí entran en juego tanto el entrenamiento del personal para reconocer sintomatologías muy tempranas como el uso de tecnologías capaces de detectar la actividad de la plaga antes de que el daño resulte visible.
En este sentido, la tecnología de detección sísmica permite identificar la actividad producida por las larvas desde estadios tempranos de desarrollo (L1 a L3), generando una alerta de infestación mucho antes de que aparezcan daños externos evidentes. Su principal ventaja es precisamente ganar tiempo y detectar una palmera infestada meses antes de que el daño alcance niveles irreversibles y antes de que el insecto complete su desarrollo, emerja como adulto y contribuya a la dispersión y reproducción de la plaga.
Además, detectar precozmente disminuye las aplicaciones indiscriminadas, nos brinda monitoreo, nos ahorra dinero, nos reduce la cantidad de insecticidas utilizados y principalmente contribuye con el control de la plaga y reduce su capacidad reproductiva.
3. Inyecciones de endoterapia a presión y perforaciones repetidas sin criterio
La endoterapia presurizada se desarrolló originalmente para árboles, que tienen capacidad de compartimentar las heridas y formar tejido de reparación. Las palmeras, en cambio, carecen de cambium y no pueden reparar una perforación de la misma manera. La introducción forzada de líquido puede lesionar los haces vasculares y generar necrosis interna que permanece en el estípite.

La controversia no es nueva: ya durante el uso de endoterapia presurizada en olmos en la década de 1970 se documentaron lesiones y necrosis asociadas a los sitios de inyección. En una palmera el problema adquiere especial relevancia porque el tejido lesionado no será reemplazado posteriormente mediante crecimiento secundario.
Por eso, expresiones comerciales como “presión moderada”, “presión controlada” o “micropresión” no resuelven el problema técnico. La presión es una magnitud física y se mide en bares, kPa o unidades equivalentes; “moderada” no es una unidad de medida. Lo relevante es conocer qué presión se aplica, durante cuánto tiempo, sobre qué superficie y qué efecto produce sobre los tejidos de la palmera. Cambiar el adjetivo no cambia la fisiología de la planta.
El mismo criterio aplica, aunque en otra escala, a la costumbre de realizar una nueva perforación en cada tratamiento. Incluso sin presurización, cada orificio constituye una herida permanente. Por eso tiene sentido minimizar el número de perforaciones realizadas durante la vida de la palmera y, cuando el sistema está diseñado para ello, reutilizar accesos permanentes en lugar de abrir una nueva herida en cada intervención.
La alternativa es la endoterapia no presurizada mediante cánulas fijas, donde el producto es absorbido por la propia dinámica vascular de la palmera en lugar de ser introducido mediante presión externa. Ensayos de campo con abamectina e imidacloprid aplicados por endoterapia en Phoenix canariensis han mostrado una adecuada distribución y persistencia del insecticida, mientras que con benzoato de emamectina se ha registrado protección durante períodos prolongados.
En una palmera, la presión no necesita un adjetivo tranquilizador: necesita una magnitud, una justificación fisiológica y evidencia de que no produce daño.















4. Usar dosis o frecuencias copiadas de tratamientos para árboles
No alcanza con que un principio activo sea sistémico. Importan la molécula, la concentración, la formulación, el volumen aplicado, la capacidad de translocación dentro del tejido vascular disperso de la palmera, el porte del ejemplar y la persistencia del producto y sobre todo la velocidad de translocación de la molécula, frente a la velocidad de viaje de la savia (que no son lo mismo). Un protocolo de dosis o frecuencia diseñado y validado para árboles leñosos no debería trasladarse automáticamente a una palmera, porque la fisiología que determina cómo se mueve y cuánto dura el producto es distinta.
5. Uso de geles atracticidas
Los geles atracticidas son compuestos químicos que contienen la feromona y un insecticida de contacto, como puede ser de la familia de los piretroides. Su uso es una práctica que puede ser común en otras plagas, incluso en la familia de los Rhynchophorus, para controlar al picudo negro, insecto nativo de nuestra región.
Pero nuestra posición técnica, basada en la experiencia de campo, es que los geles atracticidas no aportan al control del picudo rojo y pueden resultar contraproducentes. El comportamiento de búsqueda del picudo está orientado por señales químicas liberadas por hospederos dañados o en estrés, no por un atrayente sintético colocado sobre una palmera sana. En la práctica el insecto elige de forma consistente la palmera viva antes que el atrayente artificial, de modo que el producto suma costo sin reducir población. No encontramos evidencia publicada que respalde su eficacia como herramienta de control y no la recomendamos.
6. Uso de trampas de feromona sin criterio, y confundir captura con control



Una trampa colocada junto a las palmeras que se quiere proteger atrae adultos hacia ellas, y la captura nunca es total. Los ensayos de campo muestran justamente lo contrario a lo intuitivo: las trampas ubicadas en el borde del cultivo, alejadas de las palmeras, capturan más individuos que las ubicadas en el centro. La densidad recomendada también depende del nivel de infestación: con menos del uno por ciento de palmeras infestadas alcanza con una trampa por hectárea, mientras que en plantaciones con mayor presión de la plaga se necesitan hasta diez trampas por hectárea para lograr capturas equivalentes. El trampeo funciona como monitoreo, como herramienta de reducción poblacional a escala de área y como barrera interceptora a distancia, no como protección puntual de un ejemplar valioso.
Un error relacionado y frecuente es confundir captura con control. Ver muchos picudos dentro de una trampa demuestra que hay actividad y que el dispositivo está funcionando, pero no demuestra por sí mismo que la presión de la plaga sobre las palmeras haya bajado ni que el programa en su conjunto sea eficaz. El número de capturas es un dato de monitoreo, no un indicador de resultado.
7. Podas innecesarias o en época de vuelo
Las heridas de poda son puntos de liberación de atrayentes por un lado, y puntos de oviposición por el otro. Sabemos que las hembras del R. ferrugineus depositan huevos en las heridas generadas por la cosecha, la poda y la extracción de hijuelos. Cuando el corte de hojas verdes sea inevitable conviene realizarlo solamente en épocas de frío, donde el vuelo del picudo es casi nulo, para dificultar la atracción y llegadas de adultos a la planta y el ingreso de las larvas hacia su interior. La poda debería limitarse a lo estrictamente necesario, concentrarse en hojas secas y programarse fuera de los picos de actividad de vuelo de la plaga en la zona, en el Uruguay y Agentina recomendamos podar solamente en invierno, a más tardar en la primera o segunda semana de agosto, y duchar las plantas inmediatamente despues de la poda.
8. Confiar en una sola herramienta de tratamiento
El error aparece en dos direcciones opuestas. Confiar únicamente en tratamientos externos (duchas, pulverizaciones o aplicaciones sobre la corona) ignora que su eficacia depende de alcanzar los tejidos internos donde realmente está la plaga, y no deberían presentarse como sustituto de una estrategia integral. El error inverso también existe: confiar únicamente en la endoterapia, sin detección precoz, saneamiento de focos ni manejo de la población del insecto, deja sin cubrir todo lo que ocurre fuera de la palmera tratada. Ninguna técnica aislada resuelve por sí sola un problema poblacional.
9. No calcular correctamente la residualidad
La residualidad de cada producto (el tiempo durante el cual mantiene concentración letal en el tejido) define cuánto dura la protección real y debe tomarse en cuenta al combinar herramientas fitosanitarias, de forma que no queden ventanas descubiertas entre una intervención y la siguiente. Ignorar este cálculo lleva a espaciar tratamientos según el calendario en vez de según la biología del producto y de la plaga, lo que puede hacer que la dosis remanente ya no corresponda al peso corporal de la larva en ese momento del ciclo, que las larvas reciban dosis subletales y desarrollen resistencia, o que la protección simplemente no llegue a tiempo. A eso se suma que ni la endoterapia ni la ducha foliar letalizan huevos ni pupas. Si eso no se tiene en cuenta, una caída de residualidad coincidiendo con una eclosión de huevos o una emergencia de pupas significa que la plaga sigue activa dentro de la planta sin nada que la intoxique.
10. No llevar trazabilidad de tratamientos, trampeo y monitoreo

No registrar lo que se hace, ni cuándo, ni con qué resultado, deja al programa de manejo sin forma de evaluarse a sí mismo. Sin trazabilidad de qué palmera fue tratada, con qué producto, en qué fecha y con qué dosis, no hay manera de saber si la residualidad de ese tratamiento sigue vigente o si ya venció. Sin registro de capturas por trampa y por fecha, no se puede distinguir una baja real de la presión de la plaga de una simple variación estacional o climática. Sin datos ambientales asociados a cada intervención (temperatura, humedad, época del año) tampoco es posible entender por qué un mismo protocolo funcionó en un caso y no en otro.
La trazabilidad no es un formalismo administrativo: es la única forma de medir la eficacia real de un programa de manejo, de ajustar dosis y frecuencias con datos propios en lugar de supuestos, y de detectar a tiempo si la plaga está avanzando pese al esfuerzo invertido.
11. Saneamiento incompleto: proteger solo parte de la plantación, no retirar ejemplares muertos o con infección severa, dejar restos susceptibles o moverlos sin medidas sanitarias

Tratar únicamente algunos ejemplares deja al resto funcionando como reservorio y foco de dispersión. Las opciones técnicamente válidas son dos: proteger la totalidad de la población (de forma escalonada si los recursos lo requieren) o eliminar sanitariamente los ejemplares que no se van a proteger.
Dentro de ese segundo grupo entran también los ejemplares con infección severa o ya muertos que se dejan en pie porque perdieron su valor ornamental o productivo. Un ejemplar así no es un caso perdido y aislado: sigue siendo un foco activo. Si fue tratado antes sin éxito, es probable que la residualidad de los principios activos aplicados ya se haya agotado o esté en su tramo final, de modo que las larvas que sigan desarrollándose ahí adentro ya no reciben una dosis letal. Una plaga que eclosiona y se desarrolla dentro de una palmera muerta sin exposición a insecticida, o expuesta solo a residuos subletales, es exactamente el escenario que favorece la selección de individuos resistentes. Ese ejemplar debe salir de la plantación con el mismo criterio de saneamiento que cualquier otro foco.
La eliminación sanitaria, en cualquiera de estos casos, no termina con cortar la copa o tumbar el ejemplar. Si quedan tocón o restos capaces de albergar larvas, pupas o adultos vivos, el saneamiento queda incompleto. Requiere tala y extracción completa del tocón, chipeado o triturado del material vegetal, y disposición de los restos a no menos de quince kilómetros del sitio; la incineración es admisible como método de disposición final, nunca en el lugar donde se hizo el corte.
El transporte de ese material también es un punto crítico. El traslado humano de material vegetal infestado es reconocido como un factor importante de dispersión del picudo rojo hacia nuevas áreas, lo que convierte a una operación de saneamiento mal ejecutada en una vía de propagación de la plaga en lugar de una solución.
12. Buscar una solución única
Como ocurre con cualquier plaga compleja, al picudo rojo no se lo controla con un producto, una trampa o una aplicación aislada. El manejo eficaz exige actuar simultáneamente sobre la palmera y sobre la población de la plaga: detección precoz, protección preventiva, tratamiento de ejemplares recuperables, eliminación sanitaria de focos y monitoreo continuo.
Esto es lo que se conoce como MIP, Manejo Integrado de Plagas: combinar distintas herramientas y estrategias de control de forma coordinada, en lugar de depender de una única solución.
El error más frecuente, y probablemente el que resume a casi todos los anteriores, es esperar que una sola herramienta sustituya a un verdadero programa de manejo.
Durante las últimas tres décadas, lamentablemente, este ha sido uno de los errores más repetidos en los países afectados de Europa, la región mediterránea y Oriente Medio.
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Ing. Tec. Gerardo Grinvald, Director de Equitec
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Estimado Gerardo,
Muchas gracias por compartir este artículo sobre los 12 errores frecuentes en el manejo del picudo rojo. La explicación detallada sobre la anatomía de las monocotiledóneas, la falta de cámbium vascular y la crítica técnica a la endoterapia presurizada y al uso incorrecto de trampas resultan de enorme valor para evitar extrapolar protocolos de árboles a las palmeras.
Aprovechando su experiencia en Uruguay, quisiera consultarle sobre la estrategia preventiva aconsejable para el centro-este de Argentina (especialmente en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires). En esta región, donde SENASA ya ha comenzado a detectar la plaga en zonas del litoral y Entre Ríos, la invasión se encuentra en fase incipiente o de alerta.
Ante este escenario:
Estrategia de alerta temprana: Para zonas donde aún no se observan daños visibles en las palmeras, ¿recomienda instalar redes periféricas de trampas de monitoreo (feromona + kairomona) a nivel municipal, de viveros o en accesos viales para detectar la llegada del insecto antes de que colonice los ejemplares?
Adecuación de calendarios de poda: Considerando el clima de la región pampeana, ¿la recomendación de limitar la poda de hojas verdes estrictamente al invierno (hasta principios de agosto) y aplicar duchas preventivas inmediatas es suficiente para mitigar la atracción por liberaciones químicas?
Herramientas de diagnóstico individual: En parques urbanos o ejemplares históricos de alto valor patrimonial (Phoenix canariensis, P. dactylifera o Syagrus romanzoffiana), ¿es viable la implementación de sensores de detección acústica/sísmica como principal herramienta para anticiparse al daño irreversible?
Agradezco de antemano sus comentarios y sugerencias para adaptar estas medidas a nuestra zona.
Si recomiendan no esperar a que aparezcan síntomas como sabemos que palmeras tratar preventivamente y cuales no?
Buena pregunta. La recomendación no es tratar preventivamente cualquier palmera sin criterio, sino evaluar el riesgo. Si las palmeras se encuentran en una zona donde el picudo ya está presente o existen focos cercanos, deben considerarse esas plantas como expuestas, aunque todavía no muestren síntomas.
El problema es que, cuando los síntomas externos aparecen, la infestación puede llevar meses desarrollándose dentro de la planta. Por eso el manejo preventivo debe basarse en la presión de la plaga en la zona, antecedentes de infestación, especie y susceptibilidad de la palmera, proximidad a focos y, cuando es posible, herramientas de detección precoz y monitoreo.
En zonas sin presencia conocida de la plaga, el criterio obviamente es diferente. Ahí la prioridad debe ser vigilancia y detección temprana, no necesariamente tratamiento químico.
De ninguna manera recomendamos utilizar trampeo con feromonas como parte de una vigilancia o detección precoz, sin haber realizado una protección en las palmeras del entorno.
Solo felicitaros por el excelente artículo. Pocas veces se encuentra tanta información importante sobre el picudo reunida y explicada de forma tan clara. Se ve que hay mucho conocimiento y experiencia detrás
Mencionan las trampas de feromonas como uno de los errores pero no explican mucho.
Podrian explicar mejor como se usan? donde se ponen y a que distancia de las palmeras?
Gracias por comentar, Pablo. Es prácticamente imposible capacitar a un lector a través de un post. Las capacitaciones que realizamos abarcan todo lo mencionado y mucho más, y por eso están dirigidas especialmente a profesionales que cuentan con una formación agronómica de base.
Excelente su trabajo. En Argentina muchos hablan del tema, pero pocos hacen algo al respecto. Tenemos la esperanza de que no les suceda lo mismo que en Uruguay.
Agustín que tal?
Argentina está demostrando una gran preocupación y sobre todo está comenzando a tomar acciones que, lamentablemente, no hemos visto hasta el día de hoy en Uruguay. Eso nos da esperanza de que Argentina pueda encontrar un buen camino para el control de la plaga, desarrollar un Plan de Manejo adecuado y lograr mejores resultados que los que hemos tenido nosotros hasta ahora.