Argentina no está empezando de cero frente al picudo rojo de las palmeras (Rhynchophorus ferrugineus).
Cuando SENASA confirmó su presencia en la Isla Martín García, en enero de 2026, ya había más de treinta años de experiencia acumulada en el Mediterráneo y, bastante más cerca, casi cincoo años de trabajo de campo en Uruguay.
Por eso, a esta altura la pregunta más interesante no es si el picudo rojo puede controlarse. Sabemos que se puede manejar, aunque requiere recursos, continuidad y mucho trabajo.
La pregunta es otra: Si hoy nos tocara enfrentar la llegada de la plaga a Argentina, ¿qué haríamos?
Y, sobre todo, ¿qué cosas trataríamos de no repetir?
Este artículo no pretende señalar errores de Argentina. Todo lo contrario. Argentina recién está comenzando a enfrentar el problema y varias de las decisiones que tomó hasta ahora están mucho mejor encaminadas que las que vimos en España, Portugal, Italia o incluso Uruguay durante los primeros años.
Lo que queremos hacer es aprovechar algo que esos países no tuvieron cuando comenzó el problema: experiencia previa.
Reunir algunos de los errores que ya están documentados, entender por qué ocurrieron y trasladar cuatro años de experiencia de campo en Uruguay (más de 7.000 horas trabajando directamente con esta plaga) a una pregunta muy concreta:
¿Qué priorizaríamos nosotros si hoy estuviéramos del otro lado del río?
Índice
- Una plaga que Argentina no enfrenta de cero
- Qué falló en otros países
- España: once años desde Granada hasta Elche
- Italia: diez años después, prácticamente la misma historia
- Uruguay: cuatro años aprendiendo bastante a los golpes
- La biología explica por qué no existe una única solución
- El comercio de palmeras merece mucha más atención
- Hay cosas que Argentina ya hizo bien
- Qué haríamos nosotros en el lugar de Argentina
- Argentina todavía tiene algo muy valioso: margen
- Referencias
Una plaga que Argentina no enfrenta de cero
Hay un dato que para nosotros es importante.
Argentina comenzó a prepararse antes de tener oficialmente al insecto dentro del país.
El 9 de octubre de 2024, SENASA declaró la Alerta Fitosanitaria para el picudo rojo en todo el territorio nacional. En ese momento la plaga todavía era considerada cuarentenaria ausente y el riesgo de ingreso estaba directamente relacionado con su presencia en Uruguay [1].
Es decir, hubo prácticamente quince meses de alerta preventiva antes de la primera detección confirmada. Eso no es menor.
España e Italia, como veremos más adelante, tuvieron que organizar buena parte de su respuesta cuando el problema ya estaba instalado.
En agosto de 2025 ocurrió algo todavía más interesante. Gualeguaychú fue sede de la primera Mesa Técnica contra el Picudo Rojo de las Palmeras, con participación de INTA, SENASA, la Secretaría de Agricultura de Entre Ríos, Parques Nacionales y varios municipios de la zona [2].
Se establecieron puntos focales municipales y se comenzó a trabajar sobre vigilancia y contingencia en la frontera con Uruguay.
Todo eso ocurrió aproximadamente un año antes de que el picudo fuera confirmado en Entre Ríos. La primera detección argentina llegó en enero de 2026, en Isla Martín García [3]. Pocas semanas después, SENASA declaró la emergencia fitosanitaria mediante la Resolución 133/2026 y puso en marcha un plan de contingencia específico [4]. En junio se prorrogó la alerta preventiva nacional hasta 2028 [5]. Y el 19 de agosto de 2026 llegó lo que muchos esperábamos que tarde o temprano ocurriera: la primera confirmación continental, sobre una Phoenix canariensis en Entre Ríos, cerca de Colonia Elía [6]. A partir de allí, la emergencia fitosanitaria fue ampliada a Buenos Aires y Entre Ríos [7].
Argentina, por lo tanto, tuvo algo que otros países no tuvieron: tiempo, información y una advertencia bastante clara de lo que podía venir.
Ahora hay que aprovechar esa ventaja.
Qué falló en otros países
Cuando uno revisa la historia del picudo rojo en distintos países aparecen diferencias, pero también algunos patrones que se repiten demasiado.
| País | Período | Problema principal documentado |
|---|---|---|
| España | 1994–2005 | Ingreso mediante palmeras ornamentales infestadas y enormes dificultades para controlar ejemplares privados [8] |
| Italia | 2004–2005 | Nuevamente ingreso asociado al comercio de palmeras ornamentales [9] |
| Uruguay | 2022–2026 | Errores de tratamiento, diagnóstico, podas, trampas, saneamiento y trazabilidad [10] |
| Experiencia internacional | Últimas décadas | Detección tardía, baja participación de privados y respuestas poco homogéneas entre jurisdicciones [11] |
España: once años desde Granada hasta Elche
El picudo rojo fue detectado en España en 1994, en Granada.
La vía de ingreso documentada fueron palmeras ornamentales infestadas importadas desde el norte de África [8]. Desde allí comenzó su expansión por el Mediterráneo. En 2005 llegó al Palmeral de Elche, declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.
Once años.
El problema no fue solamente la llegada del insecto. El propio MITECO español señala una dificultad que nosotros consideramos fundamental para entender el manejo de esta plaga: el seguimiento de las palmeras ubicadas dentro de propiedades privadas [8].
Y ahí aparece uno de los grandes problemas del picudo. El insecto no diferencia entre la palmera de una rambla, la de un hotel, la de un jardín particular o la de una plaza.
Si el sistema controla solamente las palmeras públicas, pero alrededor existen cientos o miles de ejemplares privados sin monitoreo ni tratamiento, el problema nunca termina de cerrarse.
Cada uno de esos ejemplares puede convertirse en un reservorio.
España logró después desarrollar sistemas mucho más sólidos de vigilancia, tratamiento y control. En Elche, por ejemplo, años de trabajo sostenido permitieron reducir fuertemente la incidencia y generar estadísticas muy detalladas sobre las palmeras afectadas y recuperadas [12].
Pero llegar hasta allí costó décadas.
Italia: diez años después, prácticamente la misma historia
Italia confirmó el picudo rojo en 2004 en un vivero de Pistoia que importaba palmeras desde Egipto.
En 2005 ya estaba presente en Sicilia [9].
Otra vez aparece el mismo factor: movimiento comercial de palmeras infestadas.
- España en 1994.
- Italia en 2004.
Dos países distintos, diez años de diferencia y prácticamente la misma puerta de entrada.
Y no quedó ahí. Esa misma ola de 2004 llegó casi al mismo tiempo a Portugal y Francia, y en los años siguientes el picudo avanzó también sobre Grecia, Turquía, Malta y Chipre [13]. Con distintos ritmos según el país, el patrón de fondo se repitió: el insecto entró de la mano del comercio de palmeras, no volando por su cuenta.
Hay una lección bastante evidente ahí.
Cuando una plaga puede viajar escondida dentro de una palmera adulta, mover grandes ejemplares sin una fiscalización fitosanitaria realmente efectiva puede trasladar el problema cientos de kilómetros mucho más rápido de lo que el insecto podría hacerlo volando.
Uruguay: cuatro años aprendiendo bastante a los golpes
Uruguay confirmó el picudo rojo en 2022. Desde entonces trabajamos prácticamente todos los días con el problema.
Eso nos permitió ver tratamientos que funcionan, tratamientos que fracasan, palmeras que se recuperan, otras que aparentemente estaban sanas y terminaron colapsando y, sobre todo, una cantidad importante de errores que se repiten.
Algunos son técnicos. Otros son conceptuales. Y varios nacen simplemente de intentar resolver un problema complejo con una receta demasiado sencilla. De ese trabajo surgió nuestro artículo sobre los errores frecuentes en el manejo del picudo rojo [10].
Para Argentina, resumiríamos los principales así.
1. Tratar una palmera como si fuera un árbol
Parece un detalle semántico, pero no lo es. Una palmera no es un árbol desde el punto de vista anatómico. Es una monocotiledónea. No posee cámbium vascular y sus haces conductores se distribuyen dentro del estipe de una manera completamente diferente a la de un árbol leñoso.
Por eso no deberíamos trasladar automáticamente técnicas de inyección, perforación o dosificación desarrolladas para árboles.
Una perforación mal realizada en una palmera queda para siempre. Es dañina, es contraproducente. Sabemos que una palmera estresada tiene mayores chances de convertirse en hospedera de plagas.
2. Esperar síntomas visibles
Probablemente sea uno de los errores más graves.
El picudo trabaja desde adentro. Cuando empezamos a ver deformaciones en la copa, hojas centrales vencidas, amarillamiento o daños evidentes en el cogollo, el insecto puede llevar meses desarrollándose dentro de la planta.
El objetivo debería ser detectar antes de ver. No después.
3. Perforar y presurizar sin criterio
Otro error frecuente es asumir que cuanto más producto entra y más rápido entra, mejor. No necesariamente es correcto en palmeras. La fisiología de la palmera importa.
La presión excesiva y la repetición indiscriminada de perforaciones pueden provocar necrosis y daños vasculares permanentes.
Siempre que sea posible, preferimos trabajar utilizando accesos existentes antes que convertir cada aplicación en una nueva herida.
4. Buscar soluciones mágicas
Geles, atrayentes, repelentes, tecnologías milagrosas, productos que supuestamente resuelven todo solos.
Con el picudo aparece permanentemente alguna solución de ese tipo. Nuestra experiencia nos volvió bastante desconfiados. Si una herramienta funciona, debería poder demostrarlo con datos. Si no hay evidencia razonable de eficacia, nosotros no construiríamos una estrategia alrededor de ella. Y el uso de biológicos queda incluido en el mismo paquete.
5. Confundir una trampa con el control de la plaga
Una trampa que captura veinte picudos demuestra que hay veinte picudos que llegaron a la trampa.
No demuestra que la población esté controlada. Y mucho menos significa que convenga colocarla al lado de una palmera que queremos proteger. Las trampas son una herramienta extremadamente útil cuando se utilizan con un objetivo claro. Monitoreo, esporádico, bien realizado, puede ser una opción de uso.
Mal utilizadas pueden convertirse simplemente en un punto de atracción.
6. Podar porque sí
Las heridas frescas generan compuestos volátiles que atraen al insecto. Por eso las podas innecesarias, especialmente durante períodos de alta actividad del picudo, agregan un riesgo que muchas veces podría evitarse.
Si no hay necesidad de podar, nosotros no podaríamos. Y cuando es necesario hacerlo, elegiríamos cuidadosamente el momento en invierno y con mucho frío, eso sería en el mes de julio y las primeras semanas de agosto.
7. Depender de una sola herramienta
Este probablemente sea el error conceptual más importante. No existe “el tratamiento” contra el picudo rojo. Existe un programa de manejo.
Detección. Prevención. Tratamiento. Saneamiento. Monitoreo. Trazabilidad.
Una sola herramienta puede formar parte de ese sistema. No reemplazarlo.
8. Dejar focos muertos o abandonados
Una palmera muerta no deja automáticamente de ser un problema. Si dentro quedan larvas, pupas o adultos, ese material sigue siendo un foco. El saneamiento tiene que ser completo.
9. No registrar lo que se hace
Si no sabemos qué producto se aplicó, cuándo, cuánto, dónde y con qué resultado, después no sabemos realmente qué funcionó.
Y terminamos discutiendo experiencias personales en lugar de datos.
Para nosotros, la trazabilidad debería ser una parte central del programa desde el primer día.
La biología explica por qué no existe una única solución
Alrededor del picudo rojo hay bastante “opinología”.
- Con trampas alcanza.
- Con endoterapia alcanza.
- Hay que fumigar más.
- Hay que aumentar la dosis.
- Hay que aplicar tal producto.
El problema es que la biología del insecto no es tan sencilla. Una hembra puede colocar más de 200 huevos durante varias semanas de oviposición [14], y algunos estudios muestran valores todavía mayores bajo determinadas condiciones [15].
No necesita colocar todos esos huevos en la misma palmera. Mientras tanto, el ciclo completo puede desarrollarse en apenas algunos meses, dependiendo de la temperatura [14].
Y el adulto vuela. Puede dispersarse a distancias importantes y detectar nuevos hospederos desde lejos.
Eso cambia completamente la escala del problema. Una palmera infestada que nadie detectó no representa solamente una palmera perdida. Puede representar el origen de varios focos nuevos.
Por eso creemos que el manejo tiene que pensarse poblacionalmente. No palmera por palmera.
Las trampas ayudan a entender lo que está pasando con los adultos. La endoterapia eliminar larvas.
El tratamiento de copa puede complementar esa protección chocando con adultos recién llegados o emergido del interior de la palmera.
El saneamiento elimina focos.
Los sistemas de detección temprana permiten intervenir antes del daño visible.
Cada herramienta tiene una función.
El error empieza cuando una pretende hacer el trabajo de todas las demás.
Y hay otro punto que para nosotros es importante. Cuando un tratamiento no funciona, la primera reacción no debería ser simplemente aumentar la dosis.
Antes hay que preguntarse si el producto llegó donde tenía que llegar, si la formulación era correcta, si había una infestación demasiado avanzada, si el momento de aplicación fue adecuado y cuánto tiempo de residualidad real estamos obteniendo.
Aplicar más insecticida no corrige necesariamente un problema de distribución dentro de la planta.
El comercio de palmeras merece mucha más atención
España y Italia dejaron una advertencia bastante difícil de ignorar.
En ambos países el insecto apareció relacionado con el movimiento de palmeras ornamentales infestadas.
Por eso creemos que Argentina no debería mirar únicamente el mapa de focos actuales.
También debería mirar el movimiento de palmeras.
Viveros, paisajistas, obras, countries, municipios. En fin, traslado de ejemplares adultos. Una palmera infestada transportada varios cientos de kilómetros puede crear en semanas un foco completamente desconectado geográficamente de la zona donde hoy sabemos que existe el insecto.
La normativa argentina ya restringe determinados movimientos desde zonas bajo emergencia. El desafío real será que eso funcione también en la práctica.
Hay cosas que Argentina ya hizo bien
También corresponde decirlo claramente. Argentina tomó varias decisiones correctas antes de tener el problema encima.
La alerta fitosanitaria nacional fue declarada en 2024, mucho antes de la primera detección [1].
La Mesa Técnica de Gualeguaychú comenzó a trabajar en 2025 [2].
En junio de 2026 ya se estaban realizando trabajos preventivos sobre palmeras urbanas de esa ciudad antes de la primera confirmación en Entre Ríos [7].
Y cuando apareció el foco de Martín García, la emergencia fitosanitaria fue declarada rápidamente [4].
Esto es prácticamente lo contrario de lo que ocurrió en varios países europeos durante las primeras etapas de la invasión.
No significa que Argentina tenga el problema resuelto. Ni mucho menos. Pero significa que comenzó con una ventaja. Y ahora viene la parte difícil: sostener esa estrategia durante años.
Qué haríamos nosotros en el lugar de Argentina
Si hoy tuviéramos que decidir dónde concentrar recursos, priorizaríamos estas cosas.
Detectar antes de ver síntomas
Para nosotros sería la prioridad número uno.
Una estrategia basada únicamente en inspección visual siempre va a correr detrás del insecto.
Usaríamos detección temprana sobre poblaciones de riesgo, especialmente Phoenix canariensis, antes de que aparezcan síntomas.
Gualeguaychú ya comienza ahora a utilizar los sensores sísmicos que usamos aquí en Uruguay [7]. Nosotros extenderíamos ese criterio hacia los principales corredores urbanos del río Uruguay y del Río de la Plata.
Utilizar las trampas con un objetivo muy claro
Las trampas pueden ser excelentes herramientas de monitoreo y de intercepción cuando están bien diseñadas.
Pero no las colocaríamos indiscriminadamente junto a las palmeras que queremos proteger. En Uruguay aprendimos bastante sobre esto trabajando directamente con capturas muy altas. Capturar más no significa necesariamente controlar mejor.
La pregunta correcta es: ¿dónde estamos atrayendo al insecto y qué queremos conseguir con esa trampa?
Si esa pregunta no tiene una respuesta clara, preferimos no colocarla.
No proteger unas palmeras y abandonar las demás
Esto es incómodo porque implica presupuesto. Pero epidemiológicamente es bastante sencillo.
Si dentro de una misma población protegemos veinte palmeras y dejamos otras veinte infestadas o sin ninguna estrategia, seguimos teniendo una fábrica de insectos al lado.
Cuando no sea posible proteger un ejemplar, habrá que tomar una decisión sobre él. Lo peor es dejarlo simplemente librado a su suerte.
Respetar la fisiología de la palmera
No adaptaríamos protocolos forestales de manera automática.
Trabajaríamos específicamente sobre anatomía de palmeras, distribución vascular, dosis, residualidad, ubicación de accesos y frecuencia de aplicación.
Y trataríamos de reducir al mínimo posible el número de heridas generadas durante los años de tratamiento.
Porque hay algo que a veces se olvida: salvar la palmera del picudo para dañarla lentamente con el tratamiento tampoco sería un éxito.
Publicar datos, también cuando algo sale mal
Esto para nosotros es fundamental. Necesitamos saber qué funciona en las condiciones del Río de la Plata. No solamente qué funcionó en Arabia Saudita, Israel o España. Y para eso hace falta registrar resultados.
- Tratamiento.
- Fecha.
- Producto.
- Dosis.
- Especie.
- Temperatura.
- Evolución.
- Recuperación.
- Fracaso.
Todo. Los resultados negativos probablemente enseñen tanto como los positivos.
Proteger primero aquello que no podemos reemplazar
Argentina tiene algo que vuelve este problema especialmente delicado: poblaciones nativas de palmeras.
Entre ellas, Butia yatay.
En Uruguay estamos siguiendo con enorme preocupación lo que ocurre con poblaciones de Butia odorata y con posibles problemas sanitarios asociados al daño producido por el picudo.
Una Phoenix canariensis ornamental centenaria puede tener un enorme valor paisajístico, histórico y económico. Pero un palmar nativo juega en otra categoría. No se repone comprando otra palmera.
Si los recursos fueran limitados, nosotros blindaríamos primero ese patrimonio.
Trabajar realmente entre Uruguay y Argentina
El río Uruguay es una frontera política. Para el picudo no significa absolutamente nada. El insecto ya está de los dos lados. Por eso tendría poco sentido que Argentina y Uruguay desarrollaran durante los próximos años dos sistemas completamente independientes, repitiendo ensayos, errores y aprendizajes.
Hay cuatro años de experiencia de campo acumulada en Uruguay. Hay instituciones, técnicos y municipios argentinos que ya están trabajando seriamente sobre el problema.
Compartir protocolos, resultados, residualidades, errores, capturas y experiencias debería ser casi obvio.
Si la plaga cruza la frontera. La información, el conocimiento y las experiencias también deberían hacerlo.
Argentina todavía tiene algo muy valioso: margen
España detectó el picudo rojo en Granada en 1994. Once años después estaba en Elche. 20 años después ya lo tienen en el norte de la península ibérica.
Italia repitió prácticamente la misma vía de ingreso una década más tarde, y esa misma ola alcanzó a Portugal, Grecia, Turquía, Malta y Chipre.
Si bien creeemos que el picudo ingresó a Uruguay en el entorno del 2017-18, desde su reporte oficial, Uruguay tuvo cuatro años para descubrir, muchas veces a fuerza de prueba y error, qué cosas no funcionan como esperábamos.
Argentina tiene hoy todos esos antecedentes disponibles al mismo tiempo.
Y además comenzó a prepararse antes de la primera detección. Eso es una ventaja enorme. Pero una ventaja sirve solamente si se utiliza. El resultado no se va a definir exclusivamente mediante resoluciones, reuniones o comunicados. Se va a definir en el terreno.
- En cuántas palmeras se detectan antes de tener síntomas.
- En cuántos focos se eliminan correctamente.
- En cómo se utilizan las trampas.
- En cuánto se controla el movimiento de palmeras.
- En qué calidad tienen los tratamientos.
- En cuánto se registra.
Y, probablemente más importante que todo lo anterior, en si dentro de tres o cuatro años seguimos trabajando con la misma intensidad cuando el picudo deje de ser noticia.
Porque si algo enseñaron España, Italia y Uruguay es que esta plaga no se resuelve con una campaña.
Se debe planificar para ser manejada durante años. Y cuanto antes se entienda eso, muchas más palmeras van a seguir en pie y mucho dinero se ahorrará a mediano y largo plazo.
Referencias
- SENASA. Resolución 1218/2024, texto oficial. Sancionada el 9 de octubre de 2024, Boletín Oficial 10/10/2024. https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/norma-405173/texto
- Municipalidad de Gualeguaychú. “Gualeguaychú fue sede de la primera Mesa Técnica contra el Picudo Rojo de las Palmeras”, 15 de agosto de 2025. Ver fuente
- Administración de Parques Nacionales. “Picudo rojo de las palmeras”. Ver fuente
- Argentina.gob.ar. “Emergencia fitosanitaria por detección de Picudo rojo de las palmeras en Isla Martín García”, Resolución 133/2026. Ver fuente
- SENASA. Resolución 544/2026. Ver texto oficial
- ERA Verde. “El escenario más temido: el picudo rojo desembarcó en Entre Ríos”, agosto de 2026. Ver fuente
- Jardineriaon.com. “El picudo rojo acelera su avance en Argentina: emergencia fitosanitaria y plan de choque en Entre Ríos”. Ver fuente
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, España. Ficha de Rhynchophorus ferrugineus. Ver documento
- Agraria.org. “Punteruolo rosso della palma”. Ver fuente
- Equitec. “12 errores frecuentes en el manejo del picudo rojo”. Ver artículo
- IntechOpen. “Red Palm Weevil Rhynchophorus ferrugineus: Global Invasion, Current Management Options, Challenges and Future Prospects”. Ver publicación
- Life Invasaqua. Datos de seguimiento del picudo rojo en Elche, segundo semestre de 2019. Ver fuente
- Monaco Nature Encyclopedia. Historia de la expansión de Rhynchophorus ferrugineus en el Mediterráneo (Portugal, Francia, Grecia, Turquía, Malta y Chipre). Ver fuente
- EPPO Global Database. Ficha biológica de Rhynchophorus ferrugineus. Ver ficha
- Journal of Agricultural Science and Technology A, vol. 2 (2012), pp. 520–528. Estudio sobre frecuencia de apareamiento, fecundidad y fertilidad de Rhynchophorus ferrugineus. Ver publicación
