El Dr. Ing. Agr. José Manuel Llorens Climent es uno de los especialistas en Sanidad Vegetal con mayor trayectoria en el control del picudo rojo en Europa. Pasó 33 años como Jefe de Sección de Sanidad Vegetal en la Generalitat Valenciana, fue uno de los primeros técnicos en enfrentarse al avance de Rhynchophorus ferrugineus en España, y desde entonces no dejó de investigar. Es autor de siete libros especializados en Control Biológico de plagas y de más de sesenta videos científicos que han recibido más de 30 premios nacionales e internacionales.
Cuando Llorens se jubila en el año 2015, deja publicados diez ensayos sobre endoterapia en palmeras para la protección del picudo rojo, a través de la Cátedra Palmeral d’Elx de la Universidad Miguel Hernández (UMH). Son el cuerpo de evidencia de campo más completo disponible en español sobre el tema.
En agosto de 2024, Llorens viajó a Uruguay para participar en la Jornada Técnica sobre Picudo Rojo que organizamos en Zonamerica, Montevideo. Compartió su conocimiento con más de 150 profesionales del sector y nos dejó además una reflexión sobre los desafíos metodológicos de ese trabajo.
Hoy, en este artículo, reunimos todo: su trayectoria, su metodología, los resultados de sus ensayos y la grabación completa de su presentación.
La grabación completa de su presentación en Zonamerica está disponible a continuación, desde nuestro canal de Youtube:
El problema metodológico: cómo hacer ensayos confiables con palmeras
Antes de hablar de resultados, vale la pena entender la dificultad del problema. Realizar ensayos estadísticamente válidos con palmeras es más complicado de lo que parece. Y Llorens lo explica con claridad en sus reflexiones de 2024.
El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) no ataca de forma uniforme. Una palmera puede estar infestada mientras la de al lado permanece intacta durante años. Esa aleatoriedad natural hace que los grupos de control y tratamiento sean difíciles de comparar: ¿la palmera tratada sobrevivió por el insecticida o simplemente porque el picudo nunca la atacó?
A esto se suma la dificultad de encontrar grupos de palmeras homogéneos en especie, edad y disposición. En sus palabras: «la homogeneidad es crucial para obtener resultados significativos, pero en la práctica, esto es difícil de lograr.» Los ensayos se diseñaron bajo tres esquemas distintos según la situación disponible: palmeras jóvenes en campo abierto con bloques homogéneos, palmeras en maceta de vivero con parcela elemental de cuatro unidades, y bloques de tres o cuatro palmeras con al menos tres repeticiones cuando se contaba con material de la misma variedad y edad.
Infestación forzada: la solución al problema del azar

La solución que desarrolló Llorens fue la infestación forzada controlada. Las palmeras en maceta se cubrieron con malla anti-insecto y se introdujo dentro un número fijo de adultos: 20 hembras y 11 machos por unidad. De esa forma, todas las palmeras del ensayo, tratadas y testigo, recibían exactamente el mismo nivel de presión de la plaga, eliminando la variable del azar.

Para palmeras más grandes, se diseñaron jaulas de malla metálica que se sujetaban directamente al estípite, permitiendo a los adultos acceder al tejido tierno sin escaparse al resto del palmeral. Esta metodología permitió reducir la parcela elemental a la palmera individual y comparar resultados con una solidez estadística que los ensayos de campo abierto raramente alcanzan.
¿Funciona la endoterapia? El primer ensayo
El 8 de mayo de 2011, seis Phoenix canariensis en macetas recibieron tratamiento con tiametoxam mediante piquetas SOSPALM (broca de 8 mm, 400 mm de profundidad, ángulo de 45°, 6 g de producto por palmera, 15 cc por cánula, sellado con mástic de poda). A los tres meses se repitió la infestación con 10 hembras y 5 machos adicionales. Tres palmeras sin tratamiento funcionaron como testigo.
Al cabo de doce meses, las seis palmeras tratadas estaban sanas. Las tres testigo habían muerto (una a los cuatro meses, otra a los siete, la tercera poco después).
Una de las palmeras tratadas fue diseccionada a los siete meses para observar el estado interno de la herida producida por la perforación. El hallazgo fue una pequeña mancha oscura en el borde del orificio, consistente con la respuesta fenólica normal ante una herida mecánica, sin lesiones estructurales significativas y sin signos de infección. Ese mismo hallazgo se repitió al examinar palmeras datileras caídas en Alicante en 2012 (con piquetas instaladas en 2010) y en 2014: la perforación correctamente sellada generaba una lesión mínima y localizada, sin propagación ni deterioro del tejido circundante.
No todos los insecticidas sirven
El segundo ensayo comparó diez principios activos inyectados por endoterapia en 54 palmeras (37 Phoenix canariensis y 17 Phoenix dactylifera) bajo infestación controlada.
Los resultados fueron categóricos: los productos sin actividad sistémica fallaron completamente. Deltametrina, fosmet, azadiractina y metidatión mostraron mortalidad equivalente a los testigos sin tratamiento. La razón es estrictamente fisiológica: un insecticida inyectado al tronco solo puede actuar si el sistema vascular lo transporta hasta los tejidos donde se alimentan las larvas. Un producto de contacto aplicado dentro del estípite no tiene mecanismo de distribución; queda donde cae.
Los productos sistémicos (tiametoxam, imidacloprid, emamectina) protegieron a las palmeras canarias, gracias a su sistemia ascendente (que años después sería estudiada en detalle a través del coeficiente de partición). Las palmeras datileras mostraron en estos ensayos una resistencia natural al ataque que se repitió en varios experimentos consecutivos. Llorens decidió excluirlas de los ensayos de eficacia posteriores y concentrar el trabajo en Phoenix canariensis, que era la especie con mortandad real en campo.
¿El producto llega al meristemo?
Esta pregunta tiene una implicancia directa en la eficacia del tratamiento. El meristem0 apical, donde se produce el crecimiento de las hojas de la palmera y donde las larvas causan el daño más grave, puede estar a más de 10-15 metros de altura en ejemplares adultos. Si el producto no llega, el tratamiento protege solo parcialmente, o directamente no protege, como hemos observado en varios casos en Uruguay.

Para responderla, Llorens diseñó ensayos específicos en palmeras datileras de distintas alturas. Palmereros especializados subieron a extraer virutas del tejido meristemático, que se enviaron en cadena de frío al Laboratorio Agrario Regional para su análisis en menos de 24 horas. Los tres insecticidas sistémicos se comportaron de forma radicalmente diferente:
Tiametoxam: prácticamente no detectado en ninguna muestra de meristemo. Muy baja movilidad ascendente en el estípite.
Imidacloprid: detectado en alturas intermedias (hasta aproximadamente 4-7 metros), pero en la zona apical de palmeras altas apenas alcanza el límite de detección o directamente no aparece. Su residualidad en palmeras está analizada en detalle en este artículo del blog.
Emamectina: detectada en el meristema apical en concentraciones significativas incluso en palmeras de más de 9 metros. Su movimiento es lento y continúa durante meses después de la aplicación: la concentración apical a los 5 meses es mayor que a los 3 meses, lo que indica un transporte gradual y sostenido. Se detectó producto activo en palmeras con piquetas instaladas hacía 4 años, y en palmeras cuyas piquetas llevaban más de un año sin recibir nuevas aplicaciones.
En ninguno de los tres productos se detectó movimiento descendente hacia raíces, lo que es coherente con la fisiología del xilema en palmeras: el flujo es ascendente.
¿Con qué frecuencia hay que tratar?
El ensayo 4.7 evaluó emamectina aplicada a intervalos de 90, 120, 180 y 360 días en Phoenix canariensis con infestación artificial. En todos los intervalos: 0% de daño. La emamectina comercial (45 cc por aplicación) mantuvo protección efectiva incluso a un año entre tratamientos.
Sin embargo, hay un punto importante que Llorens señala en sus reflexiones de 2024: la conducta de la plaga en España, donde se llevaron los ensayos, se ha demostrado totalmente diferente a la que observamos en Uruguay en los últimos años. Además, los productos comerciales disponibles en Uruguay no son los mismos que se utilizaban en España durante los años de ensayo; las formulaciones locales responden a las necesidades de un mercado diferente. Estos dos factores hacen que los intervalos de tratamiento deban evaluarse con criterio propio en campo uruguayo, sin trasladar los datos españoles de forma directa.
Lo que sí se mantiene como conclusión universal es que la protección existe mientras el producto está presente en el tejido. El trabajo documentó que el 22% de las palmeras que habían sido tratadas y luego abandonaron el tratamiento terminaron siendo afectadas. Interrumpir el tratamiento equivale a dejar la palmera sin defensa.
¿Quedan residuos en los frutos de la palmera?
Para gestores de palmerales productivos o municipios con palmeras datileras en espacios públicos de España, esta pregunta tiene implicancias prácticas directas. El ensayo 4.8 evaluó residuos de emamectina, imidacloprid y tiametoxam en dátiles y meristemas de palmeras tratadas.
El factor determinante resultó ser el momento de la aplicación, no el producto en sí. Emamectina aplicada en junio: sin residuos detectables en la cosecha de octubre. Emamectina aplicada el 30 de agosto: trazas detectables aproximadamente un mes después. Imidacloprid y tiametoxam: sin residuos en fruto en ninguno de los ensayos.
La conclusión práctica es simple: en palmerales datileros con producción, el calendario de tratamientos debe respetar un período de seguridad antes de la cosecha. Con planificación, la endoterapia es compatible con la producción de dátiles.
Lo que estos ensayos no responden
Estos diez trabajos son la referencia de campo más sólida disponible en español sobre endoterapia en palmeras. Pero tienen límites que vale la pena señalar.
Los ensayos se realizaron en la Comunidad Valenciana, con condiciones climáticas y poblaciones de Rhynchophorus ferrugineus específicas de esa región. Los datos de movimiento de insecticidas corresponden principalmente a Phoenix dactylifera; la extrapolación directa a Phoenix canariensis, Washingtonia u otras especies requiere precaución. Los intervalos de tratamiento de 360 días fueron evaluados bajo condiciones controladas; en campo abierto con presión real de plaga, la frecuencia debe considerar también el nivel de riesgo local.
Lo que estos ensayos no abordan en profundidad es qué ocurre fisiológicamente con el tejido del estípite a lo largo de múltiples tratamientos acumulados durante años. Esa pregunta, y la importancia del sellado correcto para minimizar el daño tisular acumulativo, está analizada en detalle en este artículo del blog sobre necrosis tisular y endoterapia.
Fuente
Llorens Climent, J.M. (2014). Ensayos por endoterapia con piquetas SOSPALM (trabajos 4.1 a 4.10). Cátedra Palmeral d’Elx, Universidad Miguel Hernández (UMH), Elche. Disponible en: https://palmeralelx.umh.es/trabajos-catedra-2/lucha-activa-contra-el-picudo-iii-tratamientos-con-endoterapia/

Ing. Tec. Gerardo Grinvald, Director de Equitec
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