Las dos savias de la palmera

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Cuando hablamos de endoterapia decimos que el producto «entra y viaja con la savia». Es cierto, pero esa definición no es completa. Una palmera no tiene una savia sino dos, que circulan por tejidos distintos, llevan sustancias distintas y se mueven por motivos distintos. Y en la endoterapia el objetivo es usar solo una de ellas. Entender esa diferencia es clave y es parte de trabajar con criterio.

Escribimos este artículo para explicar mejor cómo funciona la endoterapia. En otro momento ya habíamos hablado sobre los sistemas de endoterapia, porque hay varios, pero siempre tienen el mismo objetivo. Creemos que quien cuida palmeras, sea un profesional o un particular, toma mejores decisiones cuando entiende qué pasa adentro de la planta. Y porque nuestra forma de trabajar parte de ahí: primero entender, después intervenir.

Cómo llegamos hasta acá

En Equitec venimos del mundo de la instrumentación, el riego de precisión y la telemetría. Llegamos a las palmeras por la detección: trajimos a Uruguay los sensores IoTree, que registran las vibraciones sísmicas que producen las larvas de picudo rojo dentro del estípite (el tallo de la palmera, lo que solemos llamar tronco). El camino hacia los tratamientos no fue lineal. Aprendimos, de la forma más dura, que en este rubro hay quienes se presentan como expertos sin serlo. Desde entonces trabajamos junto a un ingeniero agrónomo especialista en palmeras, con quien emprendimos un camino de capacitación, aprendizaje y trabajo de campo con miles de palmeras.

Ese recorrido nos marcó. Venimos de un oficio donde todo se mide, y cuando empezamos a «inyectar» palmeras nos hicimos la misma pregunta que nos hacen a nosotros: ¿qué pasa con lo que aplicamos una vez que entra? La respuesta empieza por algo que casi nadie explica: una palmera no tiene una savia, tiene dos.

Dos savias, dos caminos

Vias de translocación de savias xilematica y floematica en una palmera cocotera
Imagen generada con IA. Demostración del flujo xilemático (azul) y floemático (amarillo)

La primera es la savia del xilema. Es mayormente agua con minerales disueltos, que está diseñada para subir desde las raíces por el estípite hasta las hojas. Gran parte de ese ascenso lo impulsa la transpiración foliar, cuando el agua se evapora por las hojas, se genera una tensión que tira hacia arriba de toda la columna de agua. En algunos momentos también puede intervenir la presión que ejercen las raíces, y el caudal depende de muchas cosas a la vez, como el agua disponible en el suelo, la temperatura, la demanda del aire y el estado de la propia palmera.

La segunda es la savia del floema. Tiene otro contenido y otra lógica. Lleva los azúcares desde donde se fabrican, principalmente las hojas, hacia donde se consumen o se guardan: frutos, inflorescencias, raíces. Su dirección depende de dónde estén esos destinos en cada momento. Es un líquido más espeso y dulce, muy distinto del anterior.

Hay un ejemplo que lo hace muy visible. En algunos países tropicales se cortan las inflorescencias del coco o de la palmera datilera para recoger un líquido dulce con el que se hace «miel de palma». Eso que gotea es floema. Un investigador de la Universidad de Utrecht, J. van Die, mostró en los años 70 que la cantidad de azúcar que se junta así es del mismo orden que la que la planta usaría para producir sus frutos. Son dos destinos posibles del mismo flujo.

Cuando hacemos endoterapia, la que nos importa es la primera, la savia xilemática. El producto fitosanitario entra en el xilema y viaja con la corriente de transpiración hacia la corona y las hojas, como describen los especialistas de la Universidad de Florida en su guía sobre inyección en tronco. La miel de palma y lo que nosotros aplicamos no viajan por la misma savia. Y cuando trabajamos contra el picudo rojo, lo que buscamos alcanzar son las larvas que se alimentan dentro del estípite y cerca de la yema apical, el punto desde donde la palmera crece.

Una palmera no se cura como un árbol

Las palmeras tienen una anatomía distinta de la de árboles leñosos, y esa diferencia cambia la forma en que hay que tratarlas.

Un plátano, un tilo, un eucalipto o un fresno tienen cámbium, una capa de células que cada año fabrica xilema nuevo. Por eso tienen anillos, y por eso, cuando se perfora su tronco, aíslan la herida y además la rodean de tejido nuevo. La palmera no tiene ese cámbium. También aísla la zona dañada, pero no regenera el tejido alrededor del orificio, que se necrosa y los haces cortados no se reemplazan nunca.

Los haces vasculares de una palmera, cada uno con su xilema y su floema, se forman una sola vez. No están en una capa bajo la corteza como en un árbol, sino repartidos por todo el estípite. Barry Tomlinson, uno de los grandes estudiosos de la anatomía de las palmeras, y Brett Huggett destacan que muchas de sus células vivas pueden mantenerse funcionando durante toda la vida del estípite, que en algunas especies dura siglos. No todos esos haces conducen agua todo ese tiempo, pero lo que se daña no se repone.

A nosotros esto nos cambia la manera de pararnos frente a cada ejemplar. Cuando una palmera tiene cincuenta o cien años, cada perforación que hacemos queda en ella para el resto de sus días. Por eso cada orificio tiene que estar justificado, ubicado con criterio y hecho con la herramienta adecuada. Y por eso no trasladamos sin más lo que funciona en el arbolado urbano: lo adaptamos a una planta que se comporta de otra manera.

El agua que guarda el estípite

Hay un rasgo de las palmeras que nos interesa especialmente, que es que el estípite funciona como un depósito de agua.

Imagen generada con IA con fines demostrativos

Michele Holbrook y Thomas Sinclair lo estudiaron en palmeras Sabal palmetto. Vieron que la planta tomaba agua guardada en su estípite durante las horas de más calor y la reponía de noche, y que cuando le cortaban el riego, una parte cada vez mayor del agua que transpiraba salía de esa reserva interna. Para seguir esos cambios usaron sensores insertos en el estípite que medían su contenido de agua, y llegaron a registrar variaciones cada dos horas en los días de mayor transpiración.

Es un estudio en una sola especie, y no evaluó productos inyectados. Pero abre una posibilidad que nos parece muy interesante: que lo que pasa adentro del estípite no siga minuto a minuto lo que pasa afuera, y que eso influya en cómo una palmera absorbe una aplicación. Medir agua con sensores es lo que hacemos todos los días en riego. Ver que alguien aplicó esa misma lógica a una palmera nos acerca la fisiología a un terreno que conocemos bien.

Cada palmera es distinta

Tampoco existe «la» savia de palmera, como si todas fueran iguales. Un equipo internacional con investigadores de Kew Gardens midió en seis especies cuánta tensión soporta el xilema de las hojas antes de perder la mitad de su capacidad de conducir agua.
Las diferencias fueron enormes: de una especie a otra, el valor casi se triplicó, un rango tan amplio como el que se encuentra entre todas las plantas con flor juntas.

Lo que dicen los números lo vemos también en el campo. Una Phoenix canariensis, un Butia y una Washingtonia no se comportan igual. Y dos Phoenix de la misma edad tampoco, si una está en un jardín regado y la otra en una avenida en pleno verano. Cada palmera llega con su suelo, su porte, su historia y sus condiciones.

Por eso no recomendamos los tratamientos caseros. No es una cuestión de mercado sino que, sin criterio técnico ni las herramientas adecuadas, es muy fácil cometer errores que en una palmera no tienen vuelta atrás.

Lo que ya se sabe sobre lo que viaja con la savia

No partimos de cero, y tampoco adivinamos. Hay ensayos científicos que midieron qué pasa con sustancias inyectadas en el estípite, y los tenemos presentes cada vez que planificamos un tratamiento. Puedes leer más en las referencias aquí abajo o en la colección de bibliografía científica que hemos hecho.

En Florida, en palmeras de coco, el manganeso inyectado en el estípite llegó a las hojas, mientras que aplicado en el pecíolo o en el suelo no logró aumentar su contenido en las hojas. En España, en Phoenix canariensis, un equipo del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias y la Universitat Jaume I comparó la inyección en el estípite con la inyección en hojas y con la ducha sobre la corona: para los productos que evaluaron, la inyección en el estípite logró mejor distribución y más persistencia, con residuos en las frondes durante meses y sin daños significativos en la herida dos años después. En Túnez y Sicilia, también en Phoenix canariensis, otro ensayo mostró que no todos los insecticidas se comportan igual dentro de la palmera: algunos se mantuvieron meses en los tejidos y otros se detectaron una sola vez.

De estos trabajos nos llevamos tres ideas. Lo que se inyecta en el estípite puede llegar a la corona y a las hojas, al menos en coco y en Phoenix. La vía del estípite funcionó mejor que las otras en el ensayo español, para esos productos y en esa especie, aunque eso no la convierte en una regla para cualquier palmera o cualquier formulación. Y la molécula que se elige pesa tanto como la técnica con que se aplica.

Una frase que preferimos no usar a la ligera

En este rubro se escucha mucho que tal producto es «compatible con la savia». Suena bien, y podríamos usarla. Preferimos no hacerlo sin explicar qué significa, porque no tiene una definición técnica y, por sí sola, no demuestra que algo se absorba mejor.

Si la tomamos en serio, se convierte en preguntas que sí se pueden responder.

  • ¿La mezcla se mantiene estable o precipita en el inyector o dentro de los conductos?
  • ¿Tiene una concentración de sales razonable para un fluido tan diluido como la savia del xilema?
  • ¿Es lo bastante fluida para avanzar por conductos finos?
  • ¿Los disolventes utilizados son fitotóxicos?
  • ¿Deja necrosis alrededor del orificio?
  • ¿Aparece después el activo en los tejidos donde tiene que estar?

Esas cosas se observan y se miden. En cambio, afirmar que un producto tiene «el mismo pH que la savia de la palmera» es difícil de sostener. Y no encontramos mediciones publicadas del pH de la savia del xilema en ninguna palmera ni en otras plantas. Porque ese valor cambia siempre.

Lo que buscamos

Trabajamos con una idea simple: aplicar lo que ya se sabe, repetir lo que funciona y no repetir lo que falla. Para eso también hay que tener la honestidad de reconocer dónde termina el conocimiento disponible.

Casi todos los estudios sobre productos inyectados en palmeras se hicieron en Phoenix y en coco. Para Butia, Syagrus y Washingtonia, que son buena parte de lo que cuidamos en Uruguay y la región, no encontramos ensayos que midan cómo se distribuye un producto dentro del estípite. Tampoco hay datos sobre cómo cambia la absorción según la hora, la estación o el estado hídrico de la palmera, ni sobre qué pasa con la savia y con el producto cuando el estípite ya tiene galerías de picudo.

Esas preguntas no se responden desde un escritorio. Se responden en el campo, registrando cada aplicación, comparando especies, condiciones y resultados, y contando también lo que no salió como esperábamos. Ese es el trabajo que estamos haciendo. Y es la razón por la que nos tomamos el tiempo de entender por dónde circula lo que aplicamos, cómo circula y qué tan eficaz resulta frente al picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), la plaga más destructiva que enfrentan hoy las palmeras de la región.

Si cuidás palmeras, por oficio o por cariño, esperamos que este artículo te ayude a hacerte mejores preguntas. Y si querés conversar sobre un caso concreto, nos encanta hacerlo.

Para quien quiera profundizar

  • Albrecht, U., Archer, L. y Crane, J. (2021). Trunk injection to deliver crop protection materials: an overview of basic principles and practical considerations. EDIS HS1426, UF/IFAS Extension. https://ask.ifas.ufl.edu/publication/HS1426
  • Broschat, T. K. y Doccola, J. J. (2010). Effects of soil-applied and trunk and petiole-injected manganese on manganese content of coconut palm (Cocos nucifera). Arboriculture & Urban Forestry 36(6): 272-274. https://doi.org/10.48044/jauf.2010.035
  • Chihaoui-Meridja, S., Harbi, A., Abbes, K., Chaabane, H., La Pergola, A., Chermiti, B. y Suma, P. (2020). Systematicity, persistence and efficacy of selected insecticides used in endotherapy to control the red palm weevil Rhynchophorus ferrugineus (Olivier, 1790) on Phoenix canariensis. Phytoparasitica 48(1): 75-85.
  • Dembilio, Óscar., Riba, J. M., Gamón, M. y Jacas, J. A. (2015). Mobility and efficacy of abamectin and imidacloprid against Rhynchophorus ferrugineus in Phoenix canariensis by different application methods. Pest Management Science 71: 1091-1098.
  • Emilio, T., Lamarque, L. J., Torres-Ruiz, J. M. et al. (2019). Embolism resistance in petioles and leaflets of palms. Annals of Botany 124(7): 1173-1183. https://doi.org/10.1093/aob/mcz104
  • Holbrook, N. M., Burns, M. J. y Sinclair, T. R. (1992). Frequency and time-domain dielectric measurements of stem water content in the arborescent palm, Sabal palmetto. https://agris.fao.org/search/en/records/65dfe93e6eef00c2cea355df
  • Holbrook, N. M. y Sinclair, T. R. (1992). Water balance in the arborescent palm, Sabal palmetto. II. Transpiration and stem water storage. Plant, Cell & Environment 15. https://doi.org/10.1111/j.1365-3040.1992.tb00990.x
  • Tomlinson, P. B. y Huggett, B. A. (2012). Cell longevity and sustained primary growth in palm stems. American Journal of Botany 99(12): 1891-1902. https://doi.org/10.3732/ajb.1200089
  • van Die, J. (1974). The developing fruits of Cocos nucifera and Phoenix dactylifera as physiological sinks importing and assimilating the mobile aqueous phase of the sieve tube system. Acta Botanica Neerlandica 23(4): 521-540. https://natuurtijdschriften.nl/pub/540032/ABN1974023004012.pdf

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